UNICEF


Empatía, responsabilidad y justicia social frente a la crisis

Anthony Lake director general de Unicef, afirmaba ayer en una entrevista que la crisis aumenta la empatía de la gente, Resaltaba un hecho extraordinario que se ha producido en España: “mientras los fondos para ayuda humanitaria descienden, el apoyo de los españoles a Unicef incrementa”.

Empatía y colaboración frente a la injusticia

Esta movilización de las personas para colaborar con Unicef, recuerda a la propuesta que hace la reconocida filósofa política Iris Marion Young  cuando afirma que uno de los principales pasos para luchar contra la injusticia estructural es considerarse como parte de ella y actuar. En esta cita, la autora habla de los cambios que podrían hacer los distintos agentes para luchar por la justicia social.

La responsabilidad política en relación a la injusticia estructural, en efecto, debería implicar exigir a las instituciones internacionales y estatales que desarrollen políticas que limiten la capacidad de los actores poderosos y privilegiados para hacer lo que quieren sin tener en cuenta el efecto acumulativo sobre los demás, y fomentar el bienestar de los actores menos poderosos y privilegiados. Sin embargo, de la misma manera que la acción ejerce una presión pública sobre los actores privados poderosos, la lucha contra la política estatal también debería entrañar una crítica vocal, contestación organizada, y medidas de indignación y presión pública organizada.

Cita extraída de Responsabilidad por la justicia de Iris Marion Young
Fotografía de la exposición de escultura de Cornelis Zitman.

Esclavos invisibles

UNICEF con la colaboración de Médicos sin fronteras ha elaborado el vídeo Esclavos invisibles donde explica la realidad de muchos niños y niñas que trabajan en el mundo. Muchas son niñas a las que se obliga a trabajar como exclavas sexuales, os invitamos a ver este vídeo para conocer mejor esta realidad.

En el libro Trabajo infantil, la autora Kaye Stearman plantea hasta qué punto podría ser beneficioso para la sociedad que trabajaran niños y niñas, éstas son las conclusiones a las que llega:

El trabajo infantil y la sociedad

Pero las razones económicas no son las únicas. ¿Se beneficia toda la sociedad de la mano de obra infantil de alguna otra forma? Para llegar a ser un adulto saludable, un niño necesita alimentarse bien, aire libre, espacio para jugar y oportunidades para aprender. Estas premisas no se dan si, en la infancia, se pasan horas y horas trabajando en malas condiciones. Entonces lo que ocurre es que los cuerpos infantiles no crecen y se quedan pequeños y raquíticos, sus ojos son dañados por la poca luz, su oído por el gran ruido, y sus mentes no son estimuladas para aprender cosas nuevas. Muchos niños que trabajan apenas han estado escolarizados o ni siquiera han ido a la escuela por lo que nunca podrán aprender a leer y a escribir. Algunos mueren o se hieren de gravedad en el trabajo. Otros son maltratados física y sexualmente, o alejados de sus familias a las que quizá no vuelvan a ver nunca. Muchos se ven forzados a madurar rápidamente y a asumir responsabilidades propias de adultos como cuidar a otros niños pequeños, cuando ellos mismos deberían ser cuidados porque todavía son niños. Por todo lo expuesto se puede decir que la mayor parte de la gente defiende que la mano de obra infantil no beneficia ni a la infancia, ni a la sociedad.

El estado mundial de la infancia 2012

UNICEF acaba de publicar su informe sobre el estado mundial de la infancia en él se habla de que cada vez hay más niños y niñas que se trasladan a los núcleos urbanos. Pero esto no tiene por qué mejorar su calidad de vida, en ocasiones aunque viven cerca de colegios, no pueden acceder a ellos por falta de recursos.

A continuación reproducimos una cita del libro Trabajo infantil de Kaye Stearman donde se habla de las condiciones de vida de estos niños y niñas.

Millones de niños, en los países en vías de desarrollo, trabajan en las calles de las
ciudades. La mayoría tiene familia y puede vivir en su casa o regresar con regularidad.
Otros pasan su tiempo en la calle, con frecuencia en grupos formando bandas por
amistad y para protección. Trabajar así puede ser peligroso, sobre todo para los
niños sin familia.
Los niños que trabajan en la calle realizan muchos tipos de trabajo, sobre todo
proporcionando servicios a personas más ricas: llevan bolsas, hacen recados, cuidan
coches aparcados, limpian calzado, y recogen y clasifican la basura para revenderla o reciclar. Hay algunos que piden limosna o roban a los transeúntes. Casi ninguno ha adquirido destrezas especiales que le permitan desempeñar un determinado trabajo ni tampoco tiene el equipamiento necesario por lo que aprenden a ser rápidos y a sacarle el mayor provecho a la calle. Ganan muy poco al día y normalmente se lo gastan todo. Trabajar en las calles es ilegal casi siempre, pero los niños de la calle dicen que no tienen elección y que es la única manera de sobrevivir. Muchos han sufrido graves problemas en sus hogares: pobreza, violencia y abusos. Algunos son separados de sus familias en las guerras, disturbios callejeros o casos de desahucio y no vuelven a encontrar el modo de regresar a sus casas.