sociología


LA IMAGINACIÓN AL SERVICIO DEL CONOCIMIENTO DE LA VIDA SOCIAL. Conversación con Fernando Álvarez-Uría

Por Paulo Cosín Fernández

Director editorial de EDICIONES MORATA

¿Cómo se integra tu nuevo libro Sociología y literatura en tu propia trayectoria intelectual?¿Cómo surgió la idea de escribir un libro que, al menos aparentemente, rompe con el interés que vienes mostrado a lo largo de tu carrera por una sociología crítica que intenta la objetivación de las relaciones de poder para contribuir a cambios sociales progresistas?

Hace tres años, cuando se aproximaba para mi la edad de la jubilación, me propuse en un primer momento relajarme y descansar, y para ello nada mejor que empezar a leer algunas novelas que tenía pendientes, así como releer otras que me habían impresionado en mis años de juventud. En realidad buscaba en la literatura una evasión, un modo de viajar libre por mundos imaginarios para tratar de neutralizar la inmediatez de la vida real.Empecé por tanto a leer novelas, pero éstas, lejos de alejarme de la sociología, me enseñaron que hablaban del mismo mundo sobre el que trabajamos los sociólogos, aunque con otros instrumentos de observación. De ahí surgió la idea de estudiar cómo algunos escritores y novelistas se plantearon en realidad  en muchas ocasiones los mismos problemas que nos preocupan a los sociólogos y a una gran parte de los ciudadanos. Los escritores se aproximan a los mundos sociales desde perspectivas muy distintas a las nuestras, y sin embargo las respuestas puedan llegar a ser mucho más matizadas y casi siempre complementarias.

Lo que propongo en este libro es la posibilidad de un pacto para explorar espacios y problemas sociales y políticos en los que la imaginación sociológica y la imaginación literaria compartan un mismo punto de anclaje, una misma voluntad de decir la verdad sobre nuestras sociedades.

¿Puedes poner un ejemplo de alguno de esos principales problemas compartidos por sociólogos y novelistas que nos pueden ayudar a comprender el presente?

En el libro en cada unos de los siete capítulos que lo componen, se aborda alguno de esos problemas, como por ejemplo el trabajo precario en el caso de los trabajadores hoboes norteamericanos,  la violencia y la discriminación social de las mujeres durante la Guerra Civil española, la relación entre las instituciones totales y los campos de concentración en la Alemania nazi, el peso de la materialidad de la vida social en el imaginario social, etc. En el primer capítulo, titulado en homenaje a Leonardo Sciascia El efecto Sicilia,me pareció que los análisis sociológicos que planteó Norbert Elias en uno de sus últimos libros, Los alemanes, sobre la problemática formación de la unidad nacional alemana, pueden ser prolongados a partir de novelas como El Gatopardo de Lampedusa, Los virreyes de Federico de Roberto, Viejos y jóvenes de Luigi Pirandello, es decir, novelas de escritores mayoritariamente sicilianos que se plantearon con anterioridad a Elias por qué fracasó el proyecto de Garibaldi de articular la unidad italiana en torno a la República social.

Sí, hoy se habla mucho de los Estados fallidos, entre los cuales algunos incluyen al Estado español.

A diferencia de algunos politólogos que en la actualidad abusan por activa y por pasiva de lo que ellos llaman Estados fallidos Norbert Elias prefiere el concepto más matizado de debilidad estructural del Estado, un concepto que está en la base de lo que los escritores sicilianos  reflejaron con una gran riqueza de detalles y matices en sus novelas. Sin duda la Sicilia de Garibaldi está muy distante de los movimientos secesionistas de la actualidad, pero esas novelas ponen bien de manifiesto el carácter predominantemente reaccionario de la mayor parte de particularismos y localismos de esas Ligas del norte que no cesan de poner palos en las ruedas contra el proyecto de los Estados Unidos de Europa, el proyecto de una Europa cosmopolita unida en torno a un ideal a la vez republicano y socialdemócrata.

El subtítulo del libro es Lecturas de un sociólogo. ¿Recurres a algún tipo especial de metodología para el análisis sociológico de las obras literarias?

Uno de los modelos sociológicos más potentes para el estudio del campo literario ha sido propuesto por Pierre Bourdieu en Las reglas del arte. En España ese modelo lo desarrolló con especial inteligencia y rigor Luis Mancha en Generación Kronen. Luis Mancha es un  joven profesor de sociología en la Universidad de Alcalá y también un buen amigo que accedió generosamente a realizar el Prólogo de mi libro. El estudio del campo literario es eminentemente relacional, sintagmático y en él se confiere un peso especial a las marcas de distinción con las que operan los establecidos, los recién llegados, y los outsiders. A mi me pareció que era posible enriquecer ese modelo con el análisis paradigmático de las obras partiendo de determinados problemas.Cuando un escritor decide abordar un problema, por ejemplo cuando quiere escribir la novela de un dictador, recurre a la lectura minuciosa de otras novelas que abordan ese mismo asunto, se documenta, lee libros de historia, biografías y autobiografías, y a la vez fabula construyendo escenarios sobre la realidad que pueden ser más reales que la realidad misma. Existe por tanto en el campo literario un archivo documental, una profusión de materiales elaborados por novelistas que permiten al escritor moverse con libertad en tiempos y espacios diferentes y trabajar con intuiciones imaginativas. Es por tanto posible, e incluso deseable, para un sociólogo que se plantea determinados problemas sociológicos, intentar analizar cómo objetivaron y estudiaron ese mismo problema los escritores en diferentes tiempos y lugares y contrastar sus visiones con los análisis sociológicos. Eso es lo que he intentado hacer en este libro pero sin prácticamente llegar a explicitar los presupuestos teóricos y metodológicos con los que opero.

 Parece haber un denominador común en algunas de las lecturas seleccionadas en las que muestras trayectorias de pensamiento de los autores, de manera que se refleja la evolución desde un pensamiento de  juventud más extremista a otro más moderado, al final de su vida.  Así sucede, por ejemplo, con el anarquista Piotr Kropotkin. ¿Te interesa de manera particular en los personajes esta evolución de su pensamiento a través de sus experiencias personales?

No soy consciente de haberme interesado en el libro por las trayectorias individuales de los autores que he trabajado, sin embargo la cuestión que planteas me preocupa personalmente. En el interior de nuestra cultura hay una tendencia con los años a privilegiar las actitudes y valores conservadores. Sin embargo en el caso concreto de Kropotkin yo tendría tendencia a creer que su interés por la búsqueda de una moral de la ciudadanía, en una línea muy próxima a la del gran sociólogo francés Émile Durkheim, es un viraje hacia un pensamiento más sensato, más meditado, pero no necesariamente más moderado y conservador. Al contrario, creo que el Kropotkin viejo, pacifista, universalista, moralista, es el más radical.

¿Qué acontecimientos históricos consideras más relevantes de la época que abarca Sociología y literatura y por qué?

Me sirvo de las fechas un poco como hace Max Weber con los tipos ideales, es decir, trato de buscar momentos claves en los que se coagulan procesos sociales complejos. Los dos primeros capítulos giran respectivamente en torno a dos fechas emblemáticas muy próximas: la Expedición de los mil promovida por los garibaldinos en Sicilia en 1860, y el decreto de la abolición de la servidumbre en Rusia promulgado por el zar Alejandro II, el 19 de febrero de 1861, un decreto que sirvió de punta de lanza a la vez para el movimiento de los jóvenes nihilistas y para la gran eclosión de la literatura rusa.

Sí, promovida, entre otros, por Tolstoi, Dostoievski,  Turguénev, Chejov…

El número de escritores rusos y la calidad de sus obras a partir del último tercio del siglo XIX es impresionante, y esa revolución literaria se explica sobre todo por el peso de la censura zarista, por una parte, y por el importante espacio de libertad que abrió el decreto de abolición de la servidumbre.

En torno a  1914 se estaban incubando importantes procesos y cambios sociales que marcaron la cultura occidental. En 1911 el ingeniero norteamericano Frederick W. Taylor publicó su famoso manual que fue la biblia de la revolución científica del trabajo; en 1912 se publicó en Viena la revista Imago que tenía como subtítulo Revista de psicoanálisis aplicada a las ciencias del espíritu; y en 1913 Freud publicó Totem y tabú, un libro en el que se pone bien de manifiesto un cierto carácter imperialista del psicoanálisis para explicar la cultura; en 1914 estalló la Gran Guerra que hizo desaparecer al llamado mundo de ayer, y en 1917 se produjo la Revolución rusa… Otro momento clave en el siglo XX fue el golpe militar contra la II República y la Guerra civil en la España de 1936.

Hablemos si te parece de Freud y del psicoanálisis que han tenido, y siguen teniendo, un enorme peso en la literatura contemporánea. El psicoanálisis, escribes, nació a la sombra de la medicina mental, pero creció y se desarrolló más allá de sus fronteras, hasta el punto de servir de elemento de articulación de la nueva cul­tura psicológica. En el nacimiento del psicoanálisis nos hablas de obras relacionadas con la emancipación de las mujeres como Casa de muñecas de Ibsen, La regenta de Clarín, Anna Karenina de Tolstoi, Acreedores de August Strindberg… ¿Por qué crees que esas obras nos aportan luz para comprender los inicios del psicoanálisis?

Sigmund Freud, al igual que la mayoría de la burguesía vienesa de fin de siglo, fue un apasionado aficionado al teatro. Elias Canetti muestra bien en su libro de memorias, La lengua absuelta, la enorme conmoción que provocaba el teatro en Viena, al que tan adictos eran sus padres. No deja de ser sorprendente que la metafísica del psicoanálisis hunda sus raíces en dos obras de teatro: Hamlet y Edipo Rey. Pero a la vez en la génesis del psicoanálisis de Freud ocupa un lugar especial una amiga de su novia Martha Bernay diagnosticada como histérica: Bertha Pappenheim, más conocida en el mundo analítico como Ana O. El teatro, el mago Charcot, la dominación masculina, resultan por tanto claves para acceder al inconsciente  social del psicoanálisis.

Es muy reveladora la imagen social de Freud que muestras a través de la carta de su 80 cumpleaños en 1936, así como las cartas a su prometida Martha Bernay. Pocos saben, por cierto, que el doble sobrino Edward Bernay (hijo de hermana y cuñado) fue decisivo para que Estados Unidos entrara en la Primera Guerra Mundial. Fue él quien, siguiendo los aprendizajes del psicoanálisis, los aplicó a lo que fue el origen de la publicidad, con la campaña “Join the Army”, o la campaña “Antorchas de la libertad” que promulgaba de nuevo la emancipación de las mujeres a través del tabaco. (Horel, Lobbytomía, 2019, p.22). Está claro que los efectos de Freud continuaron a través de su sobrino.

Desconocía esas aplicaciones del psicoanálisis en los Estados Unidos. Me parece que tiene gran interés lo que dices pues por lo general el estudio de la publicidad suele asociarse más con el conductismo.

Es muy interesante el capítulo que dedicas a esos viajeros, vagabundos, con ansias de libertad, libres de ataduras del capitalismo que eran los Hoboes (Homeless Boys). Recientemente hemos publicado Capitalismo de Nancy Fraser y Rahel Jaeggi pues vemos necesario encontrar una alternativa a este modelo neoliberal. Según nos muestras el papel que representáis los sociólogos necesita otras voces como las de la literatura que nos muestras en tu libro. Pero observando el letargo social, ¿son suficientes?

Creo que en tanto que analistas sociales estamos obligados a tratar de pensar el presente, a intentar avanzar un diagnóstico de nuestro tiempo. La llamada revolución neoliberal que se inició en los años ochenta del pasado siglo, supone una importante mutación en la lógica global de desarrollo del capitalismo internacional: el paso del capitalismo industrial a la hegemonía del capitalismo financiero. Ese cambio, que se está operando ante nuestros ojos, ha generado no solo toda una serie de innovaciones, sino a la vez una gran perplejidad, pues el cambio social obliga a la búsqueda de nuevos modelos de análisis, a nuevos instrumentos de observación, a la formación de nuevas categorías y conceptos para analizar la realidad. Los sociólogos durante demasiado tiempo hemos pretendido tener el monopolio de la verdad sobre nuestras sociedades. Ha llegado la hora de trabajar en cooperación con otros observadores de las ciencias sociales, como psicólogos y trabajadores sociales, pero también con artistas, novelistas, cineastas, escritores y otra gente que trabaja para lograr orientarse en un mar de niebla. Necesitamos nuevos y más afinados observatorios de la vida social. Sociólogos y escritores deberíamos sentirnos concernidos por esta demanda social.

Fernando Álvarez Uría presenta “El reconocimiento de la humanidad”

En esta entrevista con Paulo Cosín el autor nos habla deEl reconocimiento de la humanidad. España, Portugal y América Latina en la génesis de la modernidad su último libro publicado en Ediciones Morata.

P. En El reconocimiento de la humanidad se plantea que fue a partir del descubrimiento de América, y de la primera vuelta al mundo realizada por Magallanes, cuando se produjo el gran desarrollo del pensamiento moderno en torno a la defensa de los derechos humanos, empezando por los dominicos de la Escuela de Salamanca. Estos defensores de la humanidad disponían de influencia ante el poder real y la Iglesia, pero actuaron con valentía, pues finalmente fueron condenados por la Inquisición. ¿Es esta obra una manera de que la historia haga justicia a estas personas que nos legaron esta categoría de género humano? ¿Hay ejemplos como estos en la actualidad?

 R. Me interesa en especial la historia del presente. Es preciso conocer el pasado para objetivar el peso del pasado en nuestras sociedades, para dar cuenta de las inercias que nos impiden avanzar, pero también de las posibilidades abiertas que se vieron bloqueadas. Las navegaciones emprendidas por portugueses y españoles durante los siglos XV y XVI crearon las condiciones para la formación de un pensamiento nuevo que abrió el camino al mundo moderno. En este sentido es preciso reconocer el valor de quienes desafiaron las ideas recibidas. Imperaba entonces en el occidente cristiano una mentalidad de cristiandad en la que únicamente había espacio para fieles e infieles, cristianos y paganos, amigos y enemigos. Fueron algunos frailes dominicos, como Cayetano y Francisco de Vitoria, los representantes de la llamada Escuela de Salamanca, con la que conectó muy especialmente Bartolomé de las Casas, quienes abrieron el camino a una nueva categoría de pensamiento, la categoría de género humano, que obligó a pensar de otro modo. El historiador norteamericano Lewis Hanke lo expresó bien con el título de uno de sus libros: La humanidad es una. Los dominicos tendían a monopolizar las cátedras de teología en las Universidades cristiano-escolásticas, ocupaban puestos importantes en el interior de los tribunales de la inquisición, desempañaban al lado de los monarcas un papel fundamental para combatir la nueva herejía luterana, pero a la vez, para pensar el Nuevo Mundo, y para combatir los estatutos de limpieza de sangre, promovieron una nueva categoría universalista de pensamiento, la categoría de humanidad heredada de los estoicos. A partir de esa revolución mental se abrió el nuevo espacio intelectual del mundo moderno, un espacio secularizado en el que la Declaración Universal de los Derechos Humanos encontró cobijo y a su vez dio alas a una utopía posible: la gran república humana. Creo que J. Habermas tiene razón al defender que la modernidad no está cerrada: estamos obligados a ser modernos, a pensar y actuar en términos universalistas, en defensa del bien común.

P. Argumenta que la categoría de género humano, desarrollada en España y América Latina, fue diferente a la del mundo protestante. ¿Cuáles considera que son la principales diferencias?

 R. A diferencia de la bondad del hombre natural, y del comunitarismo católico, los protestantes insistieron en la maldad natural del mundo encenagado en el pecado, y la soledad de los individuos ante la incertidumbre de la predestinación. El hombre es un lobo para el hombre, escribía T. Hobbes. La naturaleza del pacto social difiere profundamente entre el mundo católico y el protestante. Los católicos retomaron de Aristóteles la idea de que el ser humano es por naturaleza un ser social. Durante mucho tiempo el mundo protestante estuvo circunscrito al mundo de los elegidos, agrupados en las sectas. Me parece que es preciso cuestionar la idea de que la modernidad viene del norte, del protestantismo. Es preciso analizar en la historia cómo se produjo la modernidad y cuales fueron sus efectos. No es una cuestión meramente académica. Aceptar sin más la modernidad protestante equivale a aceptar la racionalidad del sistema pues, como mostró Max Weber, existe una homología estructural entre el pietismo protestante y el espíritu del capitalismo. Yo defiendo la tesis de una primera modernidad latina, la modernidad del sur, la modernidad que iguala a la pobres y a los ricos, a los fieles y los infieles, a los nacionales y a los extranjeros.

 P.Si bien gran parte del libro se detiene en el descubrimiento del Nuevo Mundo, el recorrido histórico es tan apasionante como amplio, y permite ver la evolución del pensamiento occidental en torno a la idea de humanidad desde Constantino, en el siglo IV, hasta Hobbes y Locke. En el libro aparecen referencias múltiples de personajes históricos y pensadores, como Tomás de Aquino, el emperador Federico II, Nicolás de Cusa, Juan de Paris, Guillermo de Ockham, Lutero, Petrarca, Bocaccio, Maquiavelo, Tomás de Vio, el papa Alejandro VI, Francisco de Vitoria, Bartolomé de las Casas, Carranza y muchos más. Todo esto lleva a pensar en que la investigación ha debido ser larga y minuciosa. ¿Cuántos años de investigación se necesitan para escribir una obra así?

 R. Siempre me interesó la sociología histórica, y con ella el método genealógico, para tratar de entender de dónde venimos y cómo podríamos avanzar. En este sentido, tras realizar desde hace años algunos trabajos puntuales, me pareció percibir una deficiencia en los análisis realizados por la mayor parte de los historiadores sobre el imperio portugués y el español, pues el poder físico y material no parecía ir acompañado de un poder simbólico. Predominaba una mirada miserabilista en la que la inquisición y la violencia se hacían omnipresentes. Sin duda esos poderes existieron, y generaron durante siglos demasiado dolor y sufrimiento, pero también era preciso ser sensible a las resistencias y a las desviaciones. Me parecía que para entender el movimiento ilustrado era preciso retrotraerse a los tiempos en los que predominaba un pensamiento teológico-político y dar cuenta de cómo el orden natural y el sobrenatural se escindieron. A la redacción de este libro dediqué estos tres últimos años de investigación, pero para realizarlo contaba con todo un material  previo que había trabajado de forma sectorial.

El libro consta de una parte central, en la que presento cómo se produjo la modernidad en España, Portugal y América Latina, en íntima relación con la categoría de humanidad, pero previamente presento las líneas maestras del mundo medieval como contrapunto. El libro se cierra con una parte final en la que se pone de manifiesto cómo, tras ser decapitada la Escuela de Salamanca, los jesuitas retomaron el testigo de la modernidad y lo remodelaron en función de su fidelidad al poder  infalible del obispo de Roma. España, Portugal y América Latina tuvieron su propia vía de acceso a la  modernidad, pero al final esa modernidad se vio bloqueada por los poderes civiles y religiosos, y creo que la superación de esta especie de aporía entre una modernidad precoz y una modernidad bloqueada pasa por una apuesta decidida en favor de un proceso de secularización articulado por la solidaridad, y por la defensa y cuidado de los bienes comunes.

 P. ¿Cuál cree que es la principal aportación del libro?

 R. Toda investigación hunde sus raíces en un pensamiento colectivo. En este sentido mis deudas con historiadores y sociólogos es enorme. Creo que la principal innovación del libro está en mostrar que la idea de humanidad, y con ella la de la naturaleza natural, surgió como una estrella danzarina del descubrimiento del Nuevo Mundo, una categoría que suponía que el papa y el emperador dejaban de ser los dueños del universo. El sistema de pensamiento por el que se regía el mundo medieval se venía definitivamente abajo, precisamente en tiempos del emperador Carlos V.  La apropiación de nuestro propio destino en tanto que seres humanos, frente a los poderes exorbitantes de los poderosos, continúa siendo hoy, como ayer, el eje de la hoja de ruta de los movimientos democráticos que aspiran a ser modernos. 

¿Van los ricos a la cárcel? Fernando Álvarez Uría y Julia Varela hablan sobre la función social del sistema penitenciario

Fernando Álvarez Uría y Julia Varela en su libro Sociología de las instituciones analizan las principales instituciones que vertebran la vida social: desde la familia y la escuela hasta los hospitales y cárceles.

Hemos seleccionado unos extractos donde hablan de las cárceles (la negrita es nuestra).

¿Cuál sería, por tanto la función de las cárceles?

Las sociologías críticas del sistema penitenciario han contribuido a mostrar que las cárceles, lejos de estar al servicio de la democracia, esos recintos cerrados, en dónde existen celdas de castigo, al igual  que  en  las  mazmorras  del  antiguo  régimen, no  sirven  en  realidad  para combatir el delito pues las grandes delincuentes no van casi nunca a la cárcel y menos aún para reinsertar a los delincuentes, sirven en realidad para castigar la disidencia de los pobres, sacralizar la propiedad privada y perpetuar la ficción de que el orden capitalista es un orden conforme a derecho, por lo que el derecho instituido coincide con la justicia, las cárceles de la miseria no sirven a la democracia sino a la perpetuación del capitalismo. (…)

¿Cómo aparecieron las cárceles?

En el trasfondo del nacimiento de la prisión se sitúa no sólo el miedo de la burguesía a los movimientos populares —y la consiguiente reglamentación  y  cuadriculación  de  las  poblaciones  que  ese  temor  inspiró—,  sino también la necesidad de proteger una riqueza que el desarrollo productivo ponía en manos de las clases trabajadoras bajo la forma de materias primas, maquinarias e instrumentos de trabajo. Foucault muestra cómo las leyes han sido promulgadas por unos e impuestas a otros, la burguesía se reserva los ilegalismos de derecho —fraudes, evasiones fiscales, operaciones comerciales irregulares y otros delitos para los que establece jurisdicciones especiales y que casi nunca son castigados con penas de cárcel—, y persigue los ilegalismos de bienes, los pequeños robos y atentados contra la propiedad con tribunales especiales y penas de privación de libertad. 

El sistema penal permite a la burguesía no tanto suprimir los ilegalismos cuanto  gestionarlos y regularlos precisamente cuando la función manifiesta de la cárcel vehiculada por los nuevos principios consiste en afinar, universalizar el arte de castigar y homogeneizar su ejercicio. la teoría política del contrato, la ficción de un pacto social suscrito de una vez por todas, convierte al delincuente en un enemigo público, en un monstruo moral que amenaza con socavar con sus actos los pilares del sistema social. El delincuente se convierte así en un elemento desestabilizador del orden público por lo que debe ser castigado a la vez que reformado

Sociología de las Instituciones

El derecho de castigar se desplaza desde finales del siglo XVIII, cuando la burguesía accede al poder político, de la venganza del Soberano a la defensa de la sociedad, pues los delitos dejan de ser delitos de lesa majestad, delitos contra el rey, para pasar a convertirse en delitos contra la sociedad, la cárcel se instituye en consecuencia no sólo con la finalidad de proteger el orden establecido, sino también en nombre de la razón y de la humanidad para mejorar  al  delincuente.  Pero,  desde  los  inicios  de  su  puesta  en  marcha  se formula una voluntad de reforma y de reinserción de los condenados a través de esta nueva modalidad de castigo.
El monótono discurso criminológico lleva dos siglos reproduciendo la cantinela humanista de regeneración del preso y comprobando al mismo tiempo el continuo fracaso de la prisión a la hora de alcanzar esos objetivos altruistas, pues lejos de mejorar, los delincuentes que pasan por ella reinciden, uno de los logros de los análisis de Foucault consiste precisamente  en  resolver  esa  vieja  paradoja:  ¿cómo  es  posible  que  una  institución pública,  nacida  también  para  rehabilitar  a  los  detenidos,  fabrique  en  realidad profesionales de la delincuencia? El análisis de la instrumentalización política de la delincuencia proyecta una nueva luz sobre las relaciones entre la policía y el mundo del delito, muestra cómo la más baja extracción de las clases populares puede  ser  utilizada  contra  los  intereses  de  los  trabajadores,  desvela,  en  fin, cómo una práctica de corrupción invisible alimenta la producción de obras filantrópicas y proyectos reformistas.

Sociología de las instituciones de Julia Varela y Fernando Álvarez Uría está disponible en formato papel y en formato digital (PDF con DRM)

Julia Varela nos habla de su nuevo libro: Mujeres con voz propia

¿Cómo surge este proyecto?
Desde hace años vengo trabajando en el campo de la sociología del género. Un Proyecto de investigación financiado por el Ministerio de Educación y Ciencia me permitió continuar investigando sobre cuáles fueron las condiciones que permitieron a las mujeres romper con el dispositivo de feminización, dispositivo que ya había analizado en un libro anterior, titulado Nacimiento de la mujer burguesa. Fue así como me encontré con los relatos de vida de Carmen Baroja, Zenobia Camprubí y María Teresa León que me impresionaron y apasionaron.

¿Cuáles son sus aportaciones originales?
Suelo realizar trabajos de sociología histórica, y en este libro he intentado combinar los relatos de vida con la historia social. Esa es una de las aportaciones metodológicas que permite hacer visible todo un campo que estaba en buena medida oculto, el de las mujeres de la burguesía liberal. Me parece que ha dado buenos resultados comparar y entrecruzar las historias de vida de tres mujeres, en el contexto que las moldeó y que contribuyeron a cambiar. En el libro A Ulfe, sobre una aldea gallega, ya pude comprobar, a partir de las historias de vida que hice a mujeres y hombres del mundo rural, la riqueza de los materiales autobiográficos para dar cuenta a la vez de los cambios personales y sociales. En Mujeres con voz propia de nuevo sucede lo mismo.

¿En que obras se ha inspirado?
Me he inspirado sobre todo en las obras de sociólogos clásicos que han abordado la denominada cuestión femenina, y utilizan el método histórico comparativo. Entre ellos Norbert Elias, Michel Foucault, Pierre Bourdieu, Robert Castel, pero también Virginia Woolf, o Judith Walkowitz, es decir, investigadoras e investigadores sociales que han sido sensibles a la recuperación de la memoria, de la historia, para pensar el presente.

¿Qué aspectos destacaría del libro?
El análisis sociohistórico de las trayectorias de Carmen Baroja, Zenobia Camprubí y María Teresa León muestra a un colectivo importante de mujeres que lograron conquistar una doble vida, romper con el estatuto de dependencia, salir del espacio de la casa al espacio social, compaginar el trabajo fuera y dentro del hogar. A lo largo del libro se pone de relieve cómo, en su lucha por alcanzar una mayor autonomía, jugaron un papel nada desdeñable, el capital económico y cultural de origen, la socialización infantil, pero también los trabajos que realizaron, las asociaciones de mujeres de las que formaron parte, las redes sociales en las que se apoyaron, así como su resistencia y tenacidad. Si se exceptúa la época de la Segunda República, ni los gobiernos, ni la gran mayoría de los varones, empezando por los de su entorno más próximo, fueron cómplices en sus proyectos de emancipación.

¿A quien se lo recomendaría?
Me gustaría que leyesen este libro todas aquellas mujeres que padecieron tras la guerra civil española el exilio exterior e interior, pues es un homenaje a las mujeres de esa generación, que sufrieron los horrores de la guerra y de la la dictadura franquista. Mujeres con voz propia va dirigido también a los jóvenes, y a todos aquellos que comparten conmigo la idea de que una sociedad democrática no se puede asentar en el olvido. Como señalo en el propio libro los profesores de filosofía, de literatura, de historia, de sociología, podrían dar a conocer a los estudiantes obras fundamentales de mujeres, entre ellas las de las protagonistas de este libro, obras que sin duda contribuirían a conocer mejor nuestras raíces, y a facilitar herramientas para que no se produzcan involuciones en la larga marcha de los seres humanos y las sociedades hacia una mayor emancipación.