Marion Young


De la influencia de la psiquiatría en la política a la de la neurociencia

Coinciden dos publicaciones en el tiempo en EDICIONES MORATA, por un lado tenemos ya desde hoy en la Feria del Libro de Madrid una obra que hemos recuperado. Se trata de la historia de Aurora Rodríguez, madre de Hildegart que brillantemente analiza Guillermo Rendueles en El manuscrito encontrado en Ciempozuelos. A través de la historia clínica y del propio juicio en el que se debate si Aurora debe ir a la cárcel o al manicomio, podemos hacer una inmersión en los años 30 y observar como la psiquiatría llevó a una apuesta contundente de los políticos de izquierdas a favor de la eugenesia.

Extraemos un texto como ejemplo:

Lafora, el psiquiatra que la defiende en su juicio —elevado a los altares por la psiquiatría de izquierdas española—, compartía esa ideología eugenésica, y la defendió desde su estancia juvenil en EE. UU. como la ciencia de ser bien nacido, manifestando en 1930 su acuerdo con los postulados de la eugenesia norteamericana que incluye la esterilización forzosa de anormales de diversos tipos. Lafora, desde el Consejo Superior de Psiquiatría, influyó para que el consejo genético obligatorio se incluyese en el Centro de Higiene Mental, y polemizó contra el pensamiento religioso opuesto a la eugenesia. Extremando esa ideología Hildegart publicó diversos textos pro-eugenésicos en el contexto de la Liga para la Reforma Sexual que
incluían un vomitivo articulo a favor de la eliminación de las vidas sin valor por el gas ciclón. En su exilio mexicano Lafora colaboró con la Sociedad Mexicana de Eugenesia para el Mejoramiento de la Raza, y después de 1940 escribió textos que justificaban la esterilización de pacientes crónicos y delincuentes.

Y en unos días más verá la luz ¿Puede la neurociencia cambiar nuestras mentes? de Steven y Hillary Rose. En este caso es la neurociencia la que invade la política, entre los ejemplos que los Rose nos relatan en su libro vemos la apuesta del partido conservador británico: 

Este neuroentusiasmo empezó a influir en el pensamiento político, de forma que en 2008, el mismo año en que se publicó el informe Foresight, el caso de intervención temprana basado en la neurociencia quedó plasmado en el informe Intervención Temprana: Buenos padres, hijos estupendos. Mejores ciudadanos, que fue desarrollado de manera conjunta entre el laborista y miembro del Parlamento británico, Graham Allen y el conservador Iain Duncan Smith.

La promesa de reducción de la pobreza basada únicamente en la intervención temprana del gobierno británico y otros hechos que se relatan, tiene un paralelismo con el  libro de Rendueles del que extraemos:

Esta invasión de la psiquiatría de todos los lugares sociales, que constituye un intento de modernizar los aparatos de control social del Estado, es ejemplificado como uno de los intentos más coherentes, por lo tardío, por parte de los psiquiatras agrupados en torno a la Asociación Española de Neuropsiquiatría que tienen múltiples actividades públicas de propaganda sobre los beneficios psiquiátricos, que se obtendrán al aplicar “la joven ciencia” al trabajo, la judicatura, la escuela, la familia, el ejército, etc. (pag. 132)

Los psiquiatras de izquierdas, entre ellos el propio Sacristán, mantuvieron actitudes bastante complacientes con las de los nazis respecto a higiene racial, mientras que formularon violentas diatribas contra ellas Vallejo y su escuela, a quien el tomismo religioso dio distancia crítica y espíritu humanista con los que oponerse a la barbarie. (Pág. 130)

Y podríamos seguir.

Estos libros también nos han recordado lo que hemos leído cuando publicamos Superar las barreras de la discapacidad que compila Len Barton. En particular recomendamos el capítulo “Eugenesia y discriminación en el ámbito de la discapacidad” en el que David Pfeiffer nos habla sobre el origen del movimiento eugenésico:

Una de las fuentes principales de este tipo de actitudes llenas de prejuicios que derivaron en las leyes es el Movimiento Eugenésico, cuyas raíces se encuentran en la biología del siglo XIX, especialmente en la obra de Charles DARWIN (MAZUMDAR, 1992; STEPAN, 1992). Las ideas de la evolución de Darwin no apoyan necesariamente los objetivos del Movimiento Eugenésico, pero condujeron al trabajo en el campo de la genética que dio origen a ese movimiento.

No es casualidad que se perciba cierto pesimismo en DARWIN, ya que tomó su idea central de la obra de Thomas MALTHUS, Primer ensayo sobre la población, que se publicó originalmente en 1798 (DAMPIER, 1952, capítulo 7). MALTHUS escribió que la raza humana se incrementaría constantemente hasta que dispusiera de medios insuficientes para sobrevivir. Luego, la guerra, el hambre o las enfermedades se encargarían de ajustar nuevamente el número de personas. Los individuos innecesarios morirían. Esta forma pesimista de ver el mundo influenció a DARWIN. (Pág. 95).

Recomendamos también la lectura de El diagnóstico de niños y adolescentes problemáticos de Valerie Harwood, la preocupación por los futuros delincuentes que está presente tanto en la obra de Rendueles como en la de Hilary y Steven Rose, se manifiesta en la obra de Harwood, “La contingencia de la delincuencia juvenil y la psicopatología” (pág. 58). Esta obra ayuda a comprender el origen y desarrollo de la psiquiatría, de la Asociación de Psiquiatría Americana y los Manuales de diagnóstico y estadístico de Trastornos Mentales:

El nombre Manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales refleja inequívocamente su relación con el control de los individuos, y esta relación entre la psiquiatría y la estadística demuestra el destacado papel de la APA en los procedimientos que controlan a las personas. (Pág. 66). 

Y para acercarnos al  contexto histórico, Julia Varela y Fernándo Álvarez Uría nos aportan también estas dos obras de nuestro catálogo:

Sociología de las instituciones de Fernándo Álvarez Uría y Julia Varela

Mujeres con voz propia de Julia Varela

Para terminar sacamos del archivo la cubierta una de las obras de Hidegart publicadas por Morata en 1931:

Y enlaces sobre su historia en la radio http://www.rtve.es/alacarta/audios/mujeres-malditas/mujeres-malditas-hildegart-rodriguez-carbelleira-03-07-19/5304750/

El apoyo de la eugenesia que llevó al exterminio judío, procesos de esterilización, a la ley de la vida sin valor, etc. quedó atrás; no solo debemos conocerlo y recordarlo sino que es fundamental para tener pensamiento crítico sobre la mala interpretación que pueda hacerse en la actualidad del conocimiento científico y su uso en beneficio del poder político. 

¿Puede la neurociencia cambiar nuestras mentes? 

Saquen sus conclusiones.

El cambio social sólo llegará asumiendo una responsabilidad compartida

Recogemos aquí un extracto del libro Responsabilidad por la justicia en el que la autora habla de los factores que son necesarios para que se produzca un cambio social.
“¿Cómo pueden los agentes que deciden asumir la responsabilidad compar­tida de la justicia hacer un cambio social? Por lo general, la perspectiva de un cambio significativo es escasa. Las tendencias de los procesos sociales apuntan a que, si la mayor parte de la gente se muestra indiferente a su funcionamiento y simplemente intenta jugar según las reglas y perseguir sus fines legítimos, las injusticias estructurales continuarán. El cambio social requiere en primer lugar hacer esfuerzos especiales para crear una grieta en el proceso, al involucrar­se en debates públicos que reflejen sus proyectos, dar publicidad a los perjuicios ocasionados a las personas desfavorecidas y criticar a los agentes podero­sos que alientan las injusticias o al menos permiten que sucedan. Sería bonito que hubiera medios mediante los cuales los agentes organizados interesados en la justicia pudieran instituir cambios en los sistemas que, una vez por todas, generaran justicia. Pero no es así como funciona.

Probablemente se preguntarán “¿Y qué hay de los Estados? Aún no se ha dicho nada sobre lo que puede y debería hacer el Gobierno para remediar la injusticia. ¿No es responsabilidad principal tanto de las víctimas de la injusticia como de sus aliados demandar que el Gobierno corrija la injusticia, por ejem­plo, al poner en práctica regulaciones que limiten coercitivamente la capacidad de los actores poderosos de aprovecharse de los procesos estructurales y forzarlos a asistir y prevenir el daño que causan sus actividades? Cuando las cuestiones de la justicia involucran procesos transnacionales, ¿no son las instituciones inter­nacionales como la Organización Internacional del Trabajo, o la Organización Mundial del Comercio, o la Organización Mundial de la Salud, los agentes funda­mentales que deberían fomentar la justicia?”
(…)
Los Estados y las instituciones internacionales son en efecto agentes pode­rosos e importantes, relevantes para modificar los procesos estructurales y hacerlos más justos. A veces pueden limitar el poder de otros agentes podero­sos o reorganizar el alineamiento de incentivos entre una diversidad de agentes para coordinar la acción que dan lugar a resultados justos, y otras veces pueden organizar políticas y programas que mejoran directamente las circunstancias de las personas desfavorecidas. Sin embargo, los Estados hacen pocas o ninguna de estas cosas, pero la razón principal no es que sean siempre corruptos o incompetentes. En la mayoría de los casos es porque las leyes y prácticas de estas instituciones están más alineadas con el poder y los procesos que produ­cen o perpetúan la injusticia que con aquellos que buscan debilitarla. No pode­mos pretender que las instituciones internacionales o estatales hagan de árbi­tros en una lucha entre los intereses que producen los procesos estructurales con resultados injustos y los intereses en cambiar esos procesos. Las políticas y programas que aprueban las organizaciones internacionales y estatales tienden cada vez más a reflejar el resultado de esas luchas en lugar de equilibrarlas o adjudicarlas.
Así pues, la responsabilidad política en relación a la injusticia estructural, en efecto, debería implicar exigir a las instituciones internacionales y estatales que desarrollen políticas que limiten la capacidad de los actores poderosos y privile­giados para hacer lo que quieren sin tener en cuenta el efecto acumulativo sobre los demás, y fomentar el bienestar de los actores menos poderosos y privilegia­dos. Sin embargo, de la misma manera que la acción ejerce una presión pública sobre los actores privados poderosos, la lucha contra la política estatal también debería entrañar una crítica vocal, contestación organizada y medidas de indig­nación y presión pública organizada.”

Menos ejemplaridad, más responsabilidad  es el título de un artículo publicado por Manuel Cruz en El País en el que a partir de la polémica suscitada por el comportamiento de los poderosos y los políticos,  se hace alusión al concepto de responsabilidad que define Marion Young.

¿En qué medida somos responsables de la injusticia estructural?

Marion Young habla de ello en su libro Responsabilidad por la justicia.

“La mayoría de las personas contribuimos en mayor o menor grado a la producción y reproduc­ción de injusticia estructural debido precisamente a que seguimos las normas y las convenciones aceptadas y esperadas de las comunidades y las instituciones en que actuamos. Aprobamos estas convenciones de forma automática o por costumbre, sin una reflexión ni una deliberación explíci­tas sobre las implicaciones más amplias de lo que estamos haciendo.”