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José Contreras hablará sobre Tener historias que contar: profundizar narrativamente la educación en la FIL de Buenos Aires

José Contreras participará en las 23s Jornadas Internacionales de Educación que se celebran con motivo de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires que este año se centran en los puentes entre saberes prácticas y valores en la escuela .

El titulo de su conferencia es: Tener historias que contar: profundizar narrativamente la educación.

Como anticipo, te dejamos un extracto de su último libro Investigar la experiencia educativa


La escuela y la vida cotidiana se consideran contextos diferentes, desconectados y frecuentemente enfrentados

Ángel Pérez Gómez en su libro Educarse en la era digital, cita a Roger Schank cuando se refiere a la cómo la fratmentación en la escuela convencional lleva al aislamiento y la separación radical de contextos.

Como nos recuerda SCHANK (2010) la fragmentación en la escuela convencional lleva progresivamente al aislamiento y la separación radical de contextos. La escuela y la vida cotidiana se consideran contextos diferentes, desconectados y frecuentemente enfrentados. Los conocimientos, ejercicios y tareas escolares se descontextualizan, se alejan de las preocupaciones y problemas de la vida cotidiana, de modo que es difícil encontrar su transferencia y aplicación. Los largos días y horas de los estudiantes en la escuela pueden suponer una penosa pérdida de tiempo, al aprender hechos, datos y algoritmos abstractos alejados del contexto, a través de lecciones aburridas en las que los estudiantes no se implican, para olvidar una semana o un mes después. Un aprendizaje que cuesta mucho aprender y muy poco olvidar.
Cabría preguntarse ¿por qué y para qué aprender de memoria hechos, datos, algoritmos y no modelos mentales, mapas, habilidades y actitudes? ¿Cómo y cuándo se trabajan en la escuela las habilidades mentales que requiere comprender y actuar en la compleja vida contemporánea: indagación, búsqueda, comparación, negociación, evaluación, solución de problemas, gestión, cooperación, creación?
Al descontextualizar la información y el conocimiento de su territorio de producción o aplicación, se abstrae y descarna de tal manera que es muy difícil encontrar su auténtico significado y, más aún, su sentido en y para la vida real. El aprendizaje escolar se configura como una actividad desenchufada, separada, con vida propia, útil solamente para los propósitos esotéricos del propio contexto escolar, superar los exámenes y test, obtener las calificaciones y conseguir las acreditaciones, con independencia del efecto o la influencia que puedan tener en el desarrollo de las cualidades humanas de cada aprendiz. El conocimiento escolar deja de tener un valor de uso para convertirse en una moneda de cambio por calificaciones

En una entrada anterior, recogíamos unas declaraciones del autor estadounidense en la que afirmaba que la única manera de aprender es hacer algo una y otra vez.
¿Qué te parecen estas declaraciones? Queremos saber tu opinión.

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La única manera de aprender es la experiencia de hacer algo una y otra vez

Así lo afirma Roger Shank en la entrevista que realizó Eduard Punset para el programa Redes

“Dime algo y lo olvidaré,
enséñame algo y lo recordaré,
hazme partícipe de algo y lo aprenderé”

La única manera de aprender es tener la experiencia de hacer algo una y otra vez. Sólo se aprende con educación práctica y experiencia, Roger Shank recuerda como John Dewey ya sostenía este planteamiento al igual que otros grandes pensadores como Einstein o Wittgenstein

Si realmente aprendiéramos lo que estudiamos, seríamos capaces de aprobar los exámenes de una asignatura que estudiamos el año pasado, pero eso no ocurre. Roger Shanck suele hacerles esta pregunta a sus alumnos: Si ahora te hago un examen de una asignatura que estudiaste el año pasado ¿aprobarías? Ellos suelen contestar ¿sin estudiar?

¿Ayudan las tecnologías y la presencia del ordenador como herramienta para la educación?
La única manera de que lo hagan es que se utilicen para proporcionar experiencias.
Pone como ejemplo una herramienta que diseñó para que los estudiantes a los que les gustaban los deportes, pudieran moverse por el mapa buscando los lugares donde tenían lugar las competiciones. Muchos colegios no lo quisieron porque con esa herramienta, no podían controlar lo que sus alumnos hacían.
Las tecnologías no son la solución, la clave está en cambiar el sistema educativo.

Los profesores deberían concentrarse en aquello que motiva a los estudiantes y ayudarles a hacerlo. Su función sería la de tutorizar para ayudarles a mejorar lo que hacen mientras practican. Aprender debería ser un proceso divertido.

Las asignaturas no académicas serían un buen modelo de cómo aprender haciendo, por ejemplo las escuelas de aviación o de cocina.

Ángel Pérez Gómez en su libro Educarse en la era digital cita a Schanck cuando habla de la fragmentación en la escuela convencional lleva progresivamente al aislamiento y la separación radical de contextos. La escuela y la vida cotidiana se consideran contextos diferentes, desconectados y frecuentemente enfrentados. En la próxima entrada reproduciremos un fragmento del libro donde habla de esto.

¿Qué te parece el planteamiento que hace el autor? ¿Te dedicas a la enseñanza o te interesan estos temas? Cuéntanos tu experiencia.

La investigación-acción y la lucha por la justicia social según Kenneth M. Zeichner

En este extracto del libro La formación del profesorado y la lucha por la justicia social,  Kenneth M. Zeichner expone cómo los educadores tienen una responsabilidad social y no pueden adoptar un papel neutral, en palabras del propio autor: no tenemos más remedio que intervenir.

“Aunque en este artículo me he mostrado un tanto crítico sobre la forma en que los investigadores en la acción han hecho esa llamada a la responsabilidad social, creo que sería un gran error pensar, como al parecer hacen muchos, que de un modo u otro podemos ser participantes neutrales en lo que se refiere a las cuestiones de la continuidad y el cambio sociales. Como he dicho en varias ocasiones y de diversas formas, creo que no tenemos más remedio que intervenir en estos asuntos, aun en el caso de que decidamos centrar nuestra investigación-acción en nuestros enclaves laborales más inmediatos, por ejemplo el aula.

Además, los educadores que trabajan en sociedades que dicen ser democráticas tienen cierta responsabilidad moral de intervenir en la creación de situaciones en las que aquellos con quienes trabajamos tengan posibilidad de vivir más plenamente los valores inherentes a la democracia. Por ejemplo, en una sociedad democrática, hay que enseñar a todos los niños que de adultos pueden participar inteligentemente en los procesos políticos que configuran su sociedad (Gutmann, 1987). No ocurre así hoy en la mayoría de los países, ni mucho menos. Es un problema internacional que afecta a una gran parte de la humanidad, y cuyo efecto más visible se produce en los pobres, las minorías étnicas y los grupos de inmigrantes de todo el mundo, tanto en países altamente industrializados como en otros menos industrializados. Es un problema que afecta a los niños marroquíes de Bélgica y Holanda, a los niños turcos de Alemania, a los niños paquistaníes y afrocaribeños del Reino Unido, a los niños hmong, latinos y afroamericanos de Estados Unidos, a los niños de las tribus de montaña de Tailandia, a los niños quechua de Bolivia, a los niños bosquimanos de Bostwana, y a muchos, muchísimos más.
(…)
No estoy diciendo, como últimamente hacen algunos responsables políticos del gobierno, que estos y otros problemas (como el del desmoronamiento de la economía de un país) los hayan provocado las escuelas. Éstas no causaron estos problemas, y la reforma escolar sola no los puede solucionar. Lo que digo es que debemos desempeñar un papel consciente en todos los ámbitos en que decidamos trabajar, examinando las implicaciones sociales y políticas de nuestras acciones, y actuando de forma que aliente la materialización de los valores democráticos.”