igualdad


¿Van los ricos a la cárcel? Fernando Álvarez Uría y Julia Varela hablan sobre la función social del sistema penitenciario

Fernando Álvarez Uría y Julia Varela en su libro Sociología de las instituciones analizan las principales instituciones que vertebran la vida social: desde la familia y la escuela hasta los hospitales y cárceles.

Hemos seleccionado unos extractos donde hablan de las cárceles (la negrita es nuestra).

¿Cuál sería, por tanto la función de las cárceles?

Las sociologías críticas del sistema penitenciario han contribuido a mostrar que las cárceles, lejos de estar al servicio de la democracia, esos recintos cerrados, en dónde existen celdas de castigo, al igual  que  en  las  mazmorras  del  antiguo  régimen, no  sirven  en  realidad  para combatir el delito pues las grandes delincuentes no van casi nunca a la cárcel y menos aún para reinsertar a los delincuentes, sirven en realidad para castigar la disidencia de los pobres, sacralizar la propiedad privada y perpetuar la ficción de que el orden capitalista es un orden conforme a derecho, por lo que el derecho instituido coincide con la justicia, las cárceles de la miseria no sirven a la democracia sino a la perpetuación del capitalismo. (…)

¿Cómo aparecieron las cárceles?

En el trasfondo del nacimiento de la prisión se sitúa no sólo el miedo de la burguesía a los movimientos populares —y la consiguiente reglamentación  y  cuadriculación  de  las  poblaciones  que  ese  temor  inspiró—,  sino también la necesidad de proteger una riqueza que el desarrollo productivo ponía en manos de las clases trabajadoras bajo la forma de materias primas, maquinarias e instrumentos de trabajo. Foucault muestra cómo las leyes han sido promulgadas por unos e impuestas a otros, la burguesía se reserva los ilegalismos de derecho —fraudes, evasiones fiscales, operaciones comerciales irregulares y otros delitos para los que establece jurisdicciones especiales y que casi nunca son castigados con penas de cárcel—, y persigue los ilegalismos de bienes, los pequeños robos y atentados contra la propiedad con tribunales especiales y penas de privación de libertad. 

El sistema penal permite a la burguesía no tanto suprimir los ilegalismos cuanto  gestionarlos y regularlos precisamente cuando la función manifiesta de la cárcel vehiculada por los nuevos principios consiste en afinar, universalizar el arte de castigar y homogeneizar su ejercicio. la teoría política del contrato, la ficción de un pacto social suscrito de una vez por todas, convierte al delincuente en un enemigo público, en un monstruo moral que amenaza con socavar con sus actos los pilares del sistema social. El delincuente se convierte así en un elemento desestabilizador del orden público por lo que debe ser castigado a la vez que reformado

Sociología de las Instituciones

El derecho de castigar se desplaza desde finales del siglo XVIII, cuando la burguesía accede al poder político, de la venganza del Soberano a la defensa de la sociedad, pues los delitos dejan de ser delitos de lesa majestad, delitos contra el rey, para pasar a convertirse en delitos contra la sociedad, la cárcel se instituye en consecuencia no sólo con la finalidad de proteger el orden establecido, sino también en nombre de la razón y de la humanidad para mejorar  al  delincuente.  Pero,  desde  los  inicios  de  su  puesta  en  marcha  se formula una voluntad de reforma y de reinserción de los condenados a través de esta nueva modalidad de castigo.
El monótono discurso criminológico lleva dos siglos reproduciendo la cantinela humanista de regeneración del preso y comprobando al mismo tiempo el continuo fracaso de la prisión a la hora de alcanzar esos objetivos altruistas, pues lejos de mejorar, los delincuentes que pasan por ella reinciden, uno de los logros de los análisis de Foucault consiste precisamente  en  resolver  esa  vieja  paradoja:  ¿cómo  es  posible  que  una  institución pública,  nacida  también  para  rehabilitar  a  los  detenidos,  fabrique  en  realidad profesionales de la delincuencia? El análisis de la instrumentalización política de la delincuencia proyecta una nueva luz sobre las relaciones entre la policía y el mundo del delito, muestra cómo la más baja extracción de las clases populares puede  ser  utilizada  contra  los  intereses  de  los  trabajadores,  desvela,  en  fin, cómo una práctica de corrupción invisible alimenta la producción de obras filantrópicas y proyectos reformistas.

Sociología de las instituciones de Julia Varela y Fernando Álvarez Uría está disponible en formato papel y en formato digital (PDF con DRM)

Género y educación un libro que anima a seguir luchando por la igualdad entre hombres y mujeres

Carmen Rodríguez,  presenta Género y educación, nuevo libro de la colección Razones y propuestas educativas.

¿Cómo surge la idea de hacer este libro?

Este proyecto es una síntesis de las ideas que se han ido forjando durante mi trayectoria profesional dedicada a la reflexión feminista en la educación, a la investigación sobre género y a mi implicación política sobre la igualdad entre hombres y mujeres en la que considero hay que seguir trabajando. Se trata de un tema que suscita reticencias a algunas personas que piensan que la igualdad está conseguida y las desigualdades actuales son fruto de diferencias naturales, tienen especial interés los datos e informes que se muestran en el libro y corroboran las afirmaciones que en él se realizan.
¿Cuáles son sus aportaciones originales frente a otros libros de las mismas temáticas?
Un recorrido por las olas del feminismo reciente y cómo se han concebido los conceptos de igualdad y diferencia en cada momento. Estos conceptos han sido clave en la configuración de diferentes corrientes de pensamiento en el feminismo.
Una propuesta de una teoría liberal de la justicia curricular en educación sensible a las desigualdades culturales, sexuales, de origen socio-cultural, etc. que siempre están atravesadas por desigualdades de género.
Una incursión en el análisis de datos y gráficos actualizados que muestran una radiografía de la situación actual de las relaciones entre hombres y mujeres y las posiciones que ocupan, a la vez que muestra los nuevos problemas y temas que dentro del género y la cultura escolar están apareciendo:(rendimientos de chicos y chicas, educación segregada…)
¿En qué obras te has inspirado?
En la teoría de las capacidades mínimas de Nussbaum y Amartya Sen  que plantean ideas nuevas para lograr la justicia social.  En teóricas feministas como Nancy Fraser, Amelia Valcárcel,  Madeleine Arnot, Sandra Harding o Sheila Benhabib que piensan en la diferencia no como contraste entre culturas  mayoritarias y minoritarias  estáticas sino en términos de un reconocimiento complejo de la identidad. Críticos sociales como Michael Foucault, Pierre Bourdieu y Noberto Bobbio que construyen ideas y conceptos para analizar los símbolos y las estructuras que mantienen las relaciones de poder jerárquicas. En investigadoras e investigadores de la educación como Stephen Ball,  Marina Subirats, Amparo Tomé, Esther Barberá y Pilar Ballarin que han revisado las relaciones de género desde diferentes aspectos de la investigación educativa .
En teorías nuevas sobre la segregación escolar sustentadas en nuevos determinismos biológicos y culturales que proliferan en políticas educativas de países de nuestro entorno y en obras divulgativas de carácter pseudocientífco que vuelven a decirnos a las mujeres que nuestras diferencias construidas a lo largo de la historia no son más que fruto de nuestra naturaleza diferente.

¿Qué aspectos destacarías?
Es una obra teórica y empírica sustentada en literatura y en investigaciones sobre género y educación, aunque los conceptos tienen un sustrato importante de filosofía política, que intenta revisar las aportaciones del feminismo a  la cultura escolar.
Contrasta informes internacionales y datos de la situación actual de las mujeres en el mundo educativo y en la construcción del conocimiento que nos llevan a reflexionar sobre las reacciones conservadoras que se suelen dar en los movimientos sociales cuando se producen determinados avances.
Ofrece un acercamiento a las limitaciones que chicas y chicos padecen en la escuela como consecuencia de los estereotipos sexuales y la cultura que está inmersa en las relaciones, en los contenidos y en la propia organización escolar.
¿A quién se lo recomendarías?
A personas interesadas en las desigualdades sociales de cualquier tipo y especialmente en las desigualdades por la construcción social que se hace en nuestras sociedades de lo que significa ser hombre y mujer.
A cualquier profesor y profesora que esté preocupado por la construcción del género de sus alumnos y alumnas para que no tenga limitaciones en sus elecciones y sean autónomós/as como ciudadanos.
A todos los colectivos interesados en la educación como una posibilidad de transformación social.