globalización


Crisis, política y retórica de la globalización

Hemos seleccionado unos extractos del prólogo del libro del libro Políticas educativas en un mundo globalizado bastante clasificadores sobre la situación de crisis global que vivimos en la actualidad.

El mundo se había acostumbrado a las crisis financieras de los países en vías de desarrollo de África y de países al margen del sistema económico global, como Tailandia e Indonesia. Durante la crisis financiera de Asia en 1997, la responsabilidad de los problemas económicos que afrontaban los países en vías de desarrollo se atribuyó a su supuesta incapacidad para adaptarse a los rigores del sistema. Sin embargo, en 2008 fue la economía más poderosa del mundo, la de Estados Unidos, la primera en caer.
(…)
Los debates son complejos y sofisticados, lo que no han examinado acertadamente es el aparato ideológico en el que se sitúa la narrativa básica de la economía global, y los modos en que el concepto de la globalización se ha utilizado discursivamente para promover un determinado conjunto de prácticas. En la esfera de la política económica, la retórica de la globalización, por ejemplo, ha alentado el movimiento transnacional de grandes sumas de dinero al permitir las prácticas explotadoras de los bancos inversores, al igual que de los administradores de fondos de cobertura y de contables creativos.

Asimismo, en otras áreas de la política pública, se ha fomentado una forma de pensar particular sobre las preferencias políticas en cuanto a cómo deberían responder las políticas nacionales y locales a la globalización. Lo cierto es que una ideología específica de globalización se ha convertido en un mantra que refuerza sus afirmaciones y desprecia toda crítica. Tanto, que los políticos ahora
hablan de una forma un tanto irreflexiva sobre los “imperativos de la economía global” que, según afirman, tiene implicaciones en todos los aspectos de la gobernanza y práctica administrativa, incluyendo la política educativa. (…)

Determinada narrativa de la globalización en las deliberaciones sobre política educativa para argumentar el rechazo de las ideas asociadas al estado de bienestar keynesiano, alentando a los políticos a pensar en términos de un papel minimalista para el Estado en la educación, con mayor
dependencia de los mecanismos de mercado. Argumentos, más económicos que educativos, respaldan una política educativa con un enfoque según el cual todos los sectores de la educación deben producir el pensamiento de capital humano (…)

Ha habido un cambio desde lo socialdemócrata a un pensamiento de tendencia neoliberal respecto a los propósitos educativos y la gobernanza, que ha derivado en políticas de mercantilización, privatización y comercialización por un lado, y en una mayor demanda de mecanismos de evaluación y rendición de cuentas por otro. (…)

los debates públicos sobre educación aún están basados en un punto de vista neoliberal de la globalización, con una creencia prácticamente ciega de que la educación es inocente respecto a los impulsores ideológicos de la crisis financiera global.(…)

En este libro hemos procurado:

  • proveer una nueva exposición sobre los estudios de política educativa a través de la revisión del modo en que los discursos de la globalización están vinculados a la promoción de un conjunto particular de políticas educativas en todo el mundo. 
  • comprender por qué las políticas educativas aún permanecen atrapadas en un marco neoliberal a pesar de sus contraindicaciones y las críticas de amplio espectro enfocadas en sus descontentos y de las diversas alternativas propuestas a la educación neoliberal.
  • Hemos argumentado que las presunciones neoliberales son difíciles de cambiar porque hemos sido incapaces de imaginar una narrativa alternativa en la educación que no abandone la globalización, sino que esté conformada por perspectivas más progresistas. 

Este debate permanece tan válido en la actualidad como lo fue cuando se publicó el libro por primera vez y se aplica a los países de habla española, al igual que a la tradición anglo-americana.

Puedes leer el prólogo completo aquí:

Políticas educativas en un mundo globalizado, sé el primero en leer el prólogo a la edición española

Aquí puedes leer el prólogo a la edición española de la obra Políticas educativas en un mundo globalizado, escrita por Fazal Rizvi y Bob Lingard.

El libro se publicará en formato papel y digital a finales de este mes, si desean recibir información sobre las novedades, pueden suscribirse a nuestro boletín.

Dos ejemplos de lucha contra la injusticia global: sweatshops y sandblasting

Versace anuncia que prohibirá la técnica letal del sandblasting para sus vaqueros Ésta se utiliza para generar el efecto de desgaste en los vaqueros. Se ha demostrado que produce unos efectos letales en quienes la realizan. 

Que Versace haya tomado esta decisión es consecuencia de la Campaña Ropa limpia cuyo objetivo es concienciar a las grandes marcas para que exijan unas condiciones de calidad para los trabajadores que desarrollan sus productos, aunque ellos no sean los responsables directos de los mismos.

En el libro Responsabilidad por la justicia, Iris Marion Young recoge una iniciativa similar la del movimiento anti-seawtshop. Os animamos a leerla para descubrir cómo se puede luchar contra un fenómeno de injusticia global:

“En las últimas décadas, un movimiento en contra de los sweatshops (talleres de trabajo esclavo de industria textil ubicadas en países menos desarrollados), ha llamado la atención por las condiciones en las que se producen pantalones, vestidos, camisas, zapatos y otros artículos textiles, en muchas partes del mundo. A través de folletos y demostraciones, los activistas han hecho un llamamiento a muchos agentes, a menudo muy ajenos a los trabajadores, para asumir la responsabilidad por sus condiciones laborales.

Aunque esto parece una exigencia extraña, ha resonado en muchas personas y el movimiento ha tenido cierto éxito en un período de tiempo relativamente corto.
Los activistas anti sweatshop han alzado protestas a las instituciones que adquieren ropa al por mayor, tales como los ayuntamientos 2, o que marcan las prendas con su nombre o logo, como es el caso de algunas universidades 3, para asumir la responsabilidad por las lamentables condiciones bajo las que se confeccionan, a menudo en fábricas al otro lado del mundo. Los activistas del movimiento social también han repartido octavillas en la puerta de tiendas de ropa de marca tales como Gap, Nike o Disney, o vendedores de ropa al por menor más genéricos como Target y Walmart, tras explicar que una buena parte de la ropa vendida en estas tiendas se produce bajo condiciones de explotación. Por lo general no piden a los consumidores que boicoteen la compra de los productos, sino que les urgen a contactar con los vendedores de marcas y exigir que presionen a los productores a quienes contratan para que mejoren las condiciones de sus trabajadores.

Muchas instituciones e individuos encuentran absurda la idea de que los consumidores y los vendedores asuman la responsabilidad por las condiciones laborales de fábricas situadas lejos, a menudo en otros países. Si las personas que producen la ropa que comercializamos y compramos deben trabajar en condiciones infrahumanas, dicen, esto no tiene nada que ver con nosotros. Son los dueños y gerentes de las fábricas quienes deben cargar con la culpa. A pesar de la aparente falta de sentido de esta disociación, los requerimientos del movimiento parecen haber tocado una tecla en muchos individuos e instituciones.

Pocos negarían que los dueños y gerentes de las fábricas son en parte responsables por las condiciones de explotación de los trabajadores. Sin duda, a muchos de ellos se les debería atribuir la responsabilidad bajo los modelos de responsabilidad contractual o penal. Sin embargo, debido a las prácticas generalizadas, los procesos sociales y económicos estructurales y la naturaleza extendida de la industria textil en particular, existen buenas razones para creer que otros muchos comparten también la responsabilidad de mejorar las condiciones laborales incluso en otros países. Aquí tenemos un caso donde la culpa en el sentido de responsabilidad se puede imputar debidamente a otros muchos que también tienen la responsabilidad política.”

Este extracto servirá como ejemplo de una iniciativa global de lucha contra las condiciones de explotación laboral en países menos desarrollados. Si volvemos al tema del sandblasting, otras marcas como: Zara, H&M, Levi’s, Diesel o Lee a pesar de que se comprometieron hace un año a abandonar el sandblasting, no han cumplido con su compromiso, como puede leerse en esta noticia: Las principales marcas de ropa siguen fabricando vaqueros mortales . Por lo que todavía serán necesarias más movilizaciones para lograr que esta técnica deje de utilizarse.