feminismo


Para las mujeres la adolescencia suponía renunciar a su desarrollo profesional y personal

Julia Varela en su libro Mujeres con voz propia, parte de las vidas de Carmen Baroja, Zenobia Camprubí y María Teresa León para analizar la realidad de las mujeres en España en la primera mitad del siglo XX. La autora se refiere a lo distinta que era la crisis de la adolescencia en hombres y mujeres. Para ellas la entrada en la edad adulta suponía aceptar su condición de mujeres y todas las limitaciones que ésta llevaba asociadas.

Se podría avanzar la hipótesis de que la crisis de la adolescencia afectaba sobre todo a las mujeres, pues el estatuto de minoría y subordinación se fraguaba especialmente en ese período, ya que
mientras para las chicas la adolescencia señalaba el final de su período de formación, lo que suponía comenzar su andadura en el mercado matrimonial, para los varones significaba el inicio de su socialización profesional. Para muchachas adolescentes, con un cierto nivel de instrucción, sensibles, inteligentes y soñadoras, aceptar la condición femenina suponía renunciar a su desarrollo profesional,
y, en buena medida, también personal. Se explica así la frecuencia con la que en esta época mujeres jóvenes de la burguesía eran llevadas al psiquiatra, al confesor, o a ambos a la vez, para que las ayudasen a superar un malestar de vivir que únicamente se podía curar si eran capaces de aceptar con resignación su condición femenina.

La educación de las mujeres tenía como finalidad el buen cumplimiento como madres y esposas

Carmen Rodríguez en su libro Género y cultura escolar explica cómo históricamente se ha mantenido a la mujer al margen de la educación, o bien cuando se le ha dado acceso ha sido con el objetivo de prepararla para las funciones que le "correspondían"

El Estado Moderno a la vez que define la ciudadanía para el individuo varón construye un nuevo modelo de mujer que sirva al ciudadano y que cambia las prácticas anteriores de crianza mercenaria, de nodrizas y hospicios (BADINTER en VALCÁRCEL, 2000). El Estado Moderno consagra el orden natural para las mujeres por lo que les niega la educación, a la vez que institucionaliza la enseñanza y convierte el currículum educativo en llave de acceso a los ejercicios profesionales. Las mujeres no son ciudadanas, no tienen capacidad política y no son educables por no ser racionales.
Por ello el voto y la entrada en el sistema educativo se convertirán más adelante en los primeros objetivos del sufragismo. El feminismo ilustrado combatió el modelo de domesticidad burguesa que los códigos napoleónicos recogerán posteriormente. Las mujeres irán consiguiendo el acceso al sistema educativo siempre con restricciones, ya que ese acceso deberá justificarse dentro del modelo vigente de feminidad, para ser buena madre y esposa. De hecho las mujeres acceden a ser maestras para educar a las niñas y se les permite leer una literatura creada específicamente para aleccionarlas moralmente (BALLARÍN 2005). Pero también será la propia carrera de maestra la que les proporcione posibilidades de educación y de reivindicación de una educación completa para las mujeres.
Así ocurre durante el siglo XIX en España: “El modelo liberal burgués las alejaría de lo político, del espacio público y del mundo laboral convirtiéndolas, como madres y esposas que gobiernan el hogar, en el soporte sobre el que construir la nueva ciudadanía de los varones. El modelo católico, que frente a la creciente secularización buscaba la recatolización a través de las mujeres, no tendría más que exculparlas del pecado original y convertir en compañeras a quienes venían siendo esclavas,
para seguir manteniéndolas en su papel”. (BALLARÍN, 2007, pág. 149.)
En España, la ley Moyano (1857) incorpora y regula los principios que debe inspirar el Sistema Educativo, estableciendo la enseñanza elemental como obligatoria y gratuita para toda la población de 6 a 9 años, con un currículum diferenciado. La educación de los hombre es instrucción de la razón, incluye en su currículum: agricultura, industria, comercio, geometría, dibujo, física e historia. La educación de las mujeres es educación del corazón, formación del alma y de buenos modales, incluye en su currículum: dibujo, bordado, oración, higiene, conocimientos domésticos.
Que la escuela se abriera a las niñas no llegó a significar una revisión de los contenidos porque nunca se puso en duda que su educación tuviera otra finalidad que la del mejor cumplimiento de su función como madre y esposa. Esta enseñanza se imparte en centros segregados, y solo por
problemas económicos existen algunas escuelas mixtas en los centros rurales (BALLARÍN, 2001).

En este enlace puedes leer la entrevista a Carmen Rodríguez sobre el libro Género y educación.

Género y educación un libro que anima a seguir luchando por la igualdad entre hombres y mujeres

Carmen Rodríguez,  presenta Género y educación, nuevo libro de la colección Razones y propuestas educativas.

¿Cómo surge la idea de hacer este libro?

Este proyecto es una síntesis de las ideas que se han ido forjando durante mi trayectoria profesional dedicada a la reflexión feminista en la educación, a la investigación sobre género y a mi implicación política sobre la igualdad entre hombres y mujeres en la que considero hay que seguir trabajando. Se trata de un tema que suscita reticencias a algunas personas que piensan que la igualdad está conseguida y las desigualdades actuales son fruto de diferencias naturales, tienen especial interés los datos e informes que se muestran en el libro y corroboran las afirmaciones que en él se realizan.
¿Cuáles son sus aportaciones originales frente a otros libros de las mismas temáticas?
Un recorrido por las olas del feminismo reciente y cómo se han concebido los conceptos de igualdad y diferencia en cada momento. Estos conceptos han sido clave en la configuración de diferentes corrientes de pensamiento en el feminismo.
Una propuesta de una teoría liberal de la justicia curricular en educación sensible a las desigualdades culturales, sexuales, de origen socio-cultural, etc. que siempre están atravesadas por desigualdades de género.
Una incursión en el análisis de datos y gráficos actualizados que muestran una radiografía de la situación actual de las relaciones entre hombres y mujeres y las posiciones que ocupan, a la vez que muestra los nuevos problemas y temas que dentro del género y la cultura escolar están apareciendo:(rendimientos de chicos y chicas, educación segregada…)
¿En qué obras te has inspirado?
En la teoría de las capacidades mínimas de Nussbaum y Amartya Sen  que plantean ideas nuevas para lograr la justicia social.  En teóricas feministas como Nancy Fraser, Amelia Valcárcel,  Madeleine Arnot, Sandra Harding o Sheila Benhabib que piensan en la diferencia no como contraste entre culturas  mayoritarias y minoritarias  estáticas sino en términos de un reconocimiento complejo de la identidad. Críticos sociales como Michael Foucault, Pierre Bourdieu y Noberto Bobbio que construyen ideas y conceptos para analizar los símbolos y las estructuras que mantienen las relaciones de poder jerárquicas. En investigadoras e investigadores de la educación como Stephen Ball,  Marina Subirats, Amparo Tomé, Esther Barberá y Pilar Ballarin que han revisado las relaciones de género desde diferentes aspectos de la investigación educativa .
En teorías nuevas sobre la segregación escolar sustentadas en nuevos determinismos biológicos y culturales que proliferan en políticas educativas de países de nuestro entorno y en obras divulgativas de carácter pseudocientífco que vuelven a decirnos a las mujeres que nuestras diferencias construidas a lo largo de la historia no son más que fruto de nuestra naturaleza diferente.

¿Qué aspectos destacarías?
Es una obra teórica y empírica sustentada en literatura y en investigaciones sobre género y educación, aunque los conceptos tienen un sustrato importante de filosofía política, que intenta revisar las aportaciones del feminismo a  la cultura escolar.
Contrasta informes internacionales y datos de la situación actual de las mujeres en el mundo educativo y en la construcción del conocimiento que nos llevan a reflexionar sobre las reacciones conservadoras que se suelen dar en los movimientos sociales cuando se producen determinados avances.
Ofrece un acercamiento a las limitaciones que chicas y chicos padecen en la escuela como consecuencia de los estereotipos sexuales y la cultura que está inmersa en las relaciones, en los contenidos y en la propia organización escolar.
¿A quién se lo recomendarías?
A personas interesadas en las desigualdades sociales de cualquier tipo y especialmente en las desigualdades por la construcción social que se hace en nuestras sociedades de lo que significa ser hombre y mujer.
A cualquier profesor y profesora que esté preocupado por la construcción del género de sus alumnos y alumnas para que no tenga limitaciones en sus elecciones y sean autónomós/as como ciudadanos.
A todos los colectivos interesados en la educación como una posibilidad de transformación social.