Citas y libros


Luis Gómez Llorente explica la función educadora del Estado

Hemos recogido este fragmento escrito por Luis Gómez Llorente quien falleció la pasada semana en su libro Educación pública.

Acabamos de afirmar que la escuela pública constituye una pieza sustancial del Estado de bienestar o Estado providencia. Entendemos, pues, la función educadora del Estado, la “instrucción pública” como algo que se deriva de la naturaleza cooperativa y solidaria del orden político.

No es algo residual o “subsidiario”, sino una obligación que contraemos todos, en cuanto miembros que somos de la sociedad, para con aquel que lo necesita.
El saber es un bien social del que en algún grado todos participamos, y al que todos contribuimos. La escuela pública, la que es de todos, es la institución social que ofrece a cada uno —sin exclusión—
el saber que sea capaz de asumir según su capacidad volitiva e intelectiva. 

Que el saber es un hecho social nos lo enseñó PLATÓN, en La República. Primero nos enseña que quien llega al conocimiento de las ideas deberá retornar a la caverna sombría para enseñar a los otros. Luego, nos dirá que los sabios deben suspender la gozosa contemplación de las ideas, y conducir a los demás mediante leyes justas, porque no serían sabios sin la contribución de los otros. No es sólo nuestro esfuerzo lo que nos hace sabios, sino la convivencia social y el concurso de los demás.  

De forma mística dijeron los teólogos que saber es participar en la sabiduría divina —abierta a todos—, y el Evangelio de San Juan pone el origen del ser en el Logos, en la Palabra. Nunca, como en nuestro tiempo, se hizo tan patente que el saber es un hecho social, un patrimonio de la humanidad, un fruto del esfuerzo colectivo, hecho como todo lo demás por la contribución de innumerables individuos. 

Lo que aquí se plantea es cómo distribuir ese patrimonio, cómo tener un acceso igualitario a lo que es de todos, a la ciencia, a la tecnología, a las humanidades, a las artes.

El descubrimiento de balsas de agua subterráneas, podría aliviar el problema de la sequía en el norte de África

Clive Gifford en su  libro sobre desarrollo sostenible que publicaremos a principios de mayo, afirma que muchas de las guerras del siglo XX fueron por el petróleo, mientras que las del siglo XX serán por el agua.
Tambíen describe cómo en los países más desarrollados se derrocha agua y se tiene acceso al agua potable mientras en los otros, la mayoría de la población tiene que desplazarse para conseguirla además de no tener acceso a la misma:

 El agua es un recurso renovable, pero aun así es posible que se malgaste y hasta se degrade (es decir, que se la dañe hasta tal punto que no pueda seguir cumpliendo su función).
La contaminación de ríos y lagos no acaba con ellos, pero puede ser la culpable de que ya no sustenten vida o proporcionen agua potable. Los habitantes de países más desarrollados suelen subestimar la importancia del agua y derrocharla desconsideradamente. Sin embargo, para millones de personas de todas las partes del mundo, el agua es un asunto de vida o muerte. Las sequías y la escasez de agua provocan decenas de miles de muertes año tras año. Las enfermedades causadas por el consumo de agua sucia y contaminada son un problema aún más letal, que se cobra cuatro millones de vidas al año, según lo informado por la Organización Mundial de la Salud. La cantidad de agua potable disponible para cada habitante del planeta está disminuyendo a pasos agigantados.

Hace pocos días leíamos la noticia de que geólogos británicos habían descubierto balsas de agua subterránea en el norte de África, muchas de ellas localizadas en zonas de grandes sequías  Por un lado nos encontramos con una buena noticia pero ahora el reto es hacer llegar a la población este agua y más teniendo en cuenta que algunos de los terrenos donde se ha encontrado el agua son privados. Si te interesa la noticia, puedes pinchar sobre la fotografía. ¿Qué te parece esta noticia?

La investigación-acción y la lucha por la justicia social según Kenneth M. Zeichner

En este extracto del libro La formación del profesorado y la lucha por la justicia social,  Kenneth M. Zeichner expone cómo los educadores tienen una responsabilidad social y no pueden adoptar un papel neutral, en palabras del propio autor: no tenemos más remedio que intervenir.

“Aunque en este artículo me he mostrado un tanto crítico sobre la forma en que los investigadores en la acción han hecho esa llamada a la responsabilidad social, creo que sería un gran error pensar, como al parecer hacen muchos, que de un modo u otro podemos ser participantes neutrales en lo que se refiere a las cuestiones de la continuidad y el cambio sociales. Como he dicho en varias ocasiones y de diversas formas, creo que no tenemos más remedio que intervenir en estos asuntos, aun en el caso de que decidamos centrar nuestra investigación-acción en nuestros enclaves laborales más inmediatos, por ejemplo el aula.

Además, los educadores que trabajan en sociedades que dicen ser democráticas tienen cierta responsabilidad moral de intervenir en la creación de situaciones en las que aquellos con quienes trabajamos tengan posibilidad de vivir más plenamente los valores inherentes a la democracia. Por ejemplo, en una sociedad democrática, hay que enseñar a todos los niños que de adultos pueden participar inteligentemente en los procesos políticos que configuran su sociedad (Gutmann, 1987). No ocurre así hoy en la mayoría de los países, ni mucho menos. Es un problema internacional que afecta a una gran parte de la humanidad, y cuyo efecto más visible se produce en los pobres, las minorías étnicas y los grupos de inmigrantes de todo el mundo, tanto en países altamente industrializados como en otros menos industrializados. Es un problema que afecta a los niños marroquíes de Bélgica y Holanda, a los niños turcos de Alemania, a los niños paquistaníes y afrocaribeños del Reino Unido, a los niños hmong, latinos y afroamericanos de Estados Unidos, a los niños de las tribus de montaña de Tailandia, a los niños quechua de Bolivia, a los niños bosquimanos de Bostwana, y a muchos, muchísimos más.
(…)
No estoy diciendo, como últimamente hacen algunos responsables políticos del gobierno, que estos y otros problemas (como el del desmoronamiento de la economía de un país) los hayan provocado las escuelas. Éstas no causaron estos problemas, y la reforma escolar sola no los puede solucionar. Lo que digo es que debemos desempeñar un papel consciente en todos los ámbitos en que decidamos trabajar, examinando las implicaciones sociales y políticas de nuestras acciones, y actuando de forma que aliente la materialización de los valores democráticos.”