Autores y entrevistas


Estuvimos con Cuadernos de Pedagogía en su 40 aniversario

La semana pasada asistimos en la Casa del Lector a la celebración de los 40 años de Cuadernos de Pedagogía, un acto que honra a los convocantes y que contó con la presencia de números profesionales. Efectivamente, la presencia en el mercado, a lo largo de estos 40 años, de una revista de tanta transcendencia en el mundo de la educación es un motivo de orgullo y de satisfacción para todos los que trabajamos en este campo.

Entre las intervenciones queremos mencionar el resumen del proyecto que hizo Jaume Carbonell, director de la revista durante muchos años Para Jaume el futuro de iniciativas como está ligado al apoyo institucional y sobre todo a la calidad del producto que se ofrece. Si bien le parecía difícil predecir el futuro y la influencia de las  tecnologías, para él en todo caso los nuevos medios requerirán más y mejor periodismo.  Concluía con una cita de Eduardo Galeano: “mucha gente pequeña, haciendo cosas pequeñas, en lugares alejados, puede cambiar el mundo”.

Completando la jornada, Jurjo Torres coordinó una mesa redonda, en la que participaban dos profesoras, una alumna  y una madre. Alrededor de la pregunta ¿Qué le pedirías a la escuela hoy?, Jurjo se planteaba “no perder lo que se ha avanzado” y mantener los principios de ciudadanía, democracia, visión crítica y optimismo. Por su parte, Lupe, una de las profesoras, insistía en la importancia de la rebeldía y la audacia,  la igualdad de oportunidades y ser capaz de sacar lo mejor de los alumnos. Nos llamó la atención la claridad de ideas de la alumna que participaba en la mesa cuando manifestaba la necesidad de diferenciar entre aprender y estudiar (“no sabemos lo que es aprender”) y la importancia de promover la presencia de la creatividad en las aulas.

Por otro lado, todos los asistentes recibimos el número de la revista de diciembre pasado conmemorativo del aniversario, que incluye un artículo de Jaume Carbonell bajo el título 40 años, 100 lecturas, en el que “se recogen 100 títulos significativos que plasman la evolución del mundo educativo a lo largo de estas cuatro décadas”. De esos 100 títulos, más de la tercera parte (37) son de autores de Morata y 17 son libros publicados por nuestra editorial (la siguiente editorial mas citada tiene 12 títulos), proporciones que se mantienen de forma bastante homogénea en los periodos, cuatro décadas en que se divide el artículo. Más aun, de los 6 autores que figuran con 2 títulos, 4 son autores de Morata y el único autor que aparece en la relación con 3 títulos es nuestro autor, José Gimeno Sacristán. Nos satisface este reconocimiento y haber sido capaces de acompañar durante estos años el proyecto de la revista.

Desde aquí queremos dar nuestra enhorabuena a los responsables de esta revista, por el éxito de la jornada y sobre todo por su presencia en el mercado en un periodo tan dilatado. Estaremos encantados de seguir participando en estos aniversarios.

Entrevista a Ángel Pérez Gómez con motivo de su participación en el XVIII Simposio de Educación

Recogemos aquí algunas de las ideas que se exponen en el vídeo:

El autor aboga por una escuela adaptada a las necesidades del siglo XXI. Que enseñe a los estudiantes cómo aprender a lo largo de toda su vida

Los profesores y profesoras ya no pueden ser meros transmisores de información, debemos invertir en la formación del profesorado para que se adapte a las nuevas necesidades.

Es importante tener en cuenta la educación emocional, partir de una visión global de las personas, tener en cuenta: los sentimientos, emociones, conocimientos, habilidades y actitudes.

Conversamos con Ángel Pérez sobre su nuevo libro Educarse en la era digital

Ángel Pérez Gómez
Ángel Pérez Gómez

En primer lugar nos gustaría que nos comentara brevemente qué quiere transmitir con el título: 

Educarse en la era digital quiere llamar la atención sobre la complejidad y controversia que implica la formación de los sujetos contemporáneos en un contexto global de interacciones humanas, caracterizado por la abundancia, la desigualdad, la complejidad y el cambio. La era digital está cambiando de manera sustantiva y cada vez más acelerada los modos de producir, consumir, intercambiar, comunicar, hacer, sentir y pensar. Afrontamos, sin duda, los nuevos retos educativos que tienen que ver con el desarrollo de capacidades humanas de orden superior, que ayuden al ciudadano a desenvolverse en un contexto saturado de información y rodeado de incertidumbre. La información de hechos, datos y conceptos ya no es un bien escaso como en los siglos anteriores de la vida de la humanidad. Ahora el problema no es de acceso, sino de selección, organización y utilización creativa de la información y el conocimiento que se considera valioso.

¿Por qué educarse? ¿Por qué utiliza el verbo educar en forma reflexiva?

Desearía resaltar el carácter singular que tiene este proceso formativo que denominamos educación. Estoy convenido que socializar desde los primeros momentos de la vida del infante, enseñar e instruir a lo largo de la vida puede hacerse sin la implicación voluntaria del sujeto que aprende, pero educar creo que deberíamos reservarlo para aquellos procesos por los que cada individuo de manera consciente y voluntaria se construye y reconstruye como sujeto autónomo que se autorregula con una intención y buscando realizar un proyecto vital que le convence y apasiona en el aspecto personal, social y profesional. Por ello este proceso debe representarse con un verbo en forma reflexiva, porque hablando de forma precisa nadie educa a nadie, en todo caso ayudamos a que cada sujeto se eduque a si mismo.

Respecto a la otra parte del título, “en la era digital” observamos que aborda las competencias necesarias para el uso de las tecnologías de la información y la comunicación, como una nueva forma de aprender, ¿cree usted que están afectando también a las nuevas formas de enseñar?

En general, y salvando excelentes excepciones, la escuela convencional puede considerarse desbordada y obsoleta. Se han introducido nuevas tecnologías pero arropadas con viejas pedagogías. La era digital satura el contexto de las interacciones humanas y el escenario de los intercambios con el conocimiento, modificando sustancialmente qué y cómo se debe enseñar, aprender y evaluar. Ni el currículum, ni el espacio, ni los horarios, ni los métodos habituales, ni los sistemas de evaluación, ni la formación de los docentes, ni la cultura de los políticos se compadece, por lo general, con estas nuevas exigencias. Continuamos con un sistema escolar de talla única que respondía a los requerimientos de la época industrial y nos cuesta alumbrar otro modelo de escuela más abierto y flexible, basado en la enseñanza personalizada, que pueda responder a las exigencias de esta era.

Vemos que incorpora un capítulo novedoso sobre los últimos avances de la neurociencia que resalta la importancia de la construcción del inconsciente y de trabajar en el aula la educación de las emociones. En relación con esto, ¿cuál sería su mensaje al profesorado que se encuentra con la presión del día a día en el aula y de un currículum cada vez más apretado de contenidos?

A pesar de las presiones del currículum enciclopédico actual no deberíamos dar la espalda a los importantísimos descubrimientos que está haciendo la neurociencia cognitiva en las dos últimas décadas y que se están precipitando día a día de manera sorprendente. Sobre todo porque desmontan vicios conceptuales básicos que arrastramos desde hace varios siglos y que separaban de manera maniquea el cuerpo y la mente, la razón y las emociones, el consciente y el inconsciente, el trabajo manual y el trabajo intelectual, la herencia y el medio…. La neurociencia actual, a mi entender, aporta tres sugerencia claves a los educadores: 1.la plasticidad prácticamente ilimitada del cerebro como instancia de aprendizaje -todos podemos aprender de manera prácticamente ilimitada-, 2.el carácter inconsciente de la mayor parte de los mecanismos que utilizamos para percibir, interpretar, tomar decisiones y valorar -poco valor tiene que en la escuela solamente nos movamos en el nivel declarativo y teórico del conocimiento explícito-, 3. y por último la interacción permanente de los componentes emocionales y cognitivos en todos los procesos de aprendizaje y actuación de los seres humanos -olvidar el carácter holístico del ser humano en la escuela no conduce sino a la frustración y fracaso pedagógicos

Una sugerencia pedagógica concreta que se deriva de todos estos descubrimientos y que ya la han intuido las mejoras maestros y maestras así como los pedagogos y pedagógas más ilustres, hace referencia a la necesidad de captar la motivación y la pasión de cada estudiante para aprender. Una vez que como docentes hemos logrado esta implicación el aprendizaje vuela, se precipita de manera sorprendente.

¿Cuáles son desde su punto de vista los principales retos a los que nos enfrentamos en educación?

Para mí el reto prioritario es debatir y clarificar sin prejuicios las finalidades de la escuela en la era contemporánea, superando las inercias de una escuela diseñada para responder a las exigencias y necesidades de la época industrial, que todos reproducimos y consolidamos como algo natural e incuestionable. Es decir, situar el desarrollo y formación de las cualidades humanas de los aprendices, y no las disciplinas curriculares, como el eje central de la práctica pedagógica. Los disciplinas son las mejores herramientas que hemos construido los seres humanos, pero en educación hay que ponerlas al servicio del desarrollo de los individuos concretos. Es decir, hay que diseñar el escenario, las actividades y las relaciones de tal manera que cada aprendiz perciba la utilidad real del conocimiento que tiene que aprender.
Esto supone pasar de un modelo pedagógico de transmisión de informaciones y conocimientos a otro modelo que prima la naturaleza tutorial de la función docente, es decir, la enseñanza personalizada para atender la diversidad y la singularidad de cada aprendiz

¿En el caso de España, cómo afectan las nuevas medidas y la LOMCE a estos retos?

La mayoría de los recortes en educación de los últimos tiempos así como el núcleo de las propuestas que aparecen en el proyecto de la LOMCE, definen una política educativa en la antípodas de lo que estamos planteando aquí. La educación personalizada y el énfasis en la función tutorial de la enseñanza del siglo XXI, son prácticamente incompatibles con la recuperación de las reválidas como exámenes externos, tipo test, uniformes y de talla única para todos los ciudadanos. Del mismo modo, la masificación de las aulas al incrementar el número de alumnos y el aumento de la horas lectivas del profesorado, lo que implica atender más materias y más alumnado, obstaculiza la atención tutorial de cada uno de ellos y por tanto amenaza la calidad de la enseñanza que requiere la era digital.

Por último, ¿cuál cree usted que es la principal aportación de Educarse en la era digital?
Recuperar al aprendiz como ser humano completo -emociones y razón, consciente e inconsciente, cuerpo y mente– como el foco central de la práctica pedagógica, y mostrar que esta pedagogía humanista creativa e innovadora es ciertamente posible porque se está llevando a cabo en muchas experiencias valiosas de docentes, colegios y políticas educativas en el ámbito nacional e internacional, cuyas referencias concretas se encuentran analizadas en el presente libro.

Negar al alumnado las controversias sociocientíficas supone robarle la esencia del conocimiento

Juan Bautista Martínez Rodríguez nos habla en este artículo de la supresión de la asignatura de Educación para la ciudadanía.
La razón de suprimir la actual “Educación para la ciudadanía” para el ministro José Ignacio Wert es retirar de esta asignatura el “conocimiento controvertido”, eliminar las controversias éticas y sociales  para que quede el conocimiento indiscutido, la verdad única y absoluta. Este argumento recogido de las bases del positivismo decimonónico por la iglesia católica pretende que la educación sea un conjunto de conocimientos descontextualizados, asépticos, apolíticos, amorales, estáticos, en definitiva, sin sentido. Olvidan nuestro querido ministro y sus “expertos” asesores que el motor del conocimiento científico es precisamente la controversia, el debate, la pluralidad de perspectivas y de enfoques, la visión desde paradigmas y supuestos diferentes cuyas tradiciones científicas se han y se seguirán construyendo socialmente.
Justamente  en el siglo XXI los grandes problemas de la ciencía suponen auténticas controversias científicas, y funcionan como un motor de la producción científica y tecnológica. Porque la calidad de una democracia depende de la adecuada comprensión por parte de la ciudadanía de los problemas a resolver, entre ellos los relativos a cuestiones científicas y tecnológicas.  El británico Durant[1]destaca que la ciencia representa también aquello que más críticamente influye sobre la manera en que nuestra cultura funciona. Y alerta sobre las consecuencias de la falta de un adecuado conocimiento de la ciencia por parte del público porque la democracia es siempre difícil, pero sin un nivel mínimo de comprensión pública del conocimiento científico, debemos cuestionarnos si ésta es siquiera posible.
Pero, dada la insistente preocupación de los sectores ultraconservadores de nuestro país, en realidad el problema lo sitúan en negar algunas controversias sociocientíficas que les preocupan especialmente aquellas sobre la teoría evolutiva y la dogmática de la religión católica así como la concepción de la vida y la procreación humana y biopolítica. A este desmesurado énfasis añaden la necesidad de justificar el papel que asignan a las mujeres en la estructura de poder eclesiástico enmarañándose en una extraña visión acerca de las teorías del género.
Parece, pues, que la “nueva” política educativa consiste en retirar la capacidad de debate y reflexión de estudiantes, profesores y familias. Se trata de retirar del curriculum las verdades controvertidas, aislar al alumnado de los intereses y condiciones que mueven nuestras comunidades. Adoptar una actitud (anti)pedagógica y paternalista con la finalidad de no hacer partícipe a los jóvenes de aquellos asuntos y problemas fundamentalmente discutibles cuyo conocimiento adquieren por los medios de comunicación. No hablar de sentimientos, de sexo, de problemas, de discrepancias, de desigualdades, evitando el conocimiento experiencial e impidiendo conocer las claves fundamentales del funcionamiento de nuestra sociedad y de la necesidad de vivir con otros.
Todo ello ¿para qué?. Pues para que el conocimiento sea el de siempre, las ciencias sociales sean descriptivas, las lenguas formalistas, las ciencias algorítmicas, las artes congeladas, olvidando que la realidad del conocimiento se vive en la propia experiencia y en las experiencias colectivas. Todo ello para que funcione el consenso patriarcal y xenófobo en donde los “otros” son o desiguales o enemigos. Por esa razón no puede ponerse en el curriculum escolar las controversias tratadas en educación para la ciudadanía y defienden que las verdades sean indiscutibles, el pensamiento sea un dogma y la realidad indescifrable, evitando ópticas y miradas que no sean las de las jerarquías religiosas y políticas conservadoras, las cuales se deben defender de la capacidad de que las y los ciudadanos piensen, reflexiones, descubran y se independicen del pensamiento único.


[1] Durant, J. R. 1990. “Copernicus and Conan Doyle: or, why should we care about the public
understanding of science”. Science Public Affairs, Vol. 5, No. 1, pp. 7-22, en 10.

Juan Luis Linares habla del libro Adolescentes en el siglo XXI


El pasado miércoles 26 tuvo lugar la presentación del libro Adolescentes en el siglo XXI, la persona encargada de hacerlo fue Juan Luis Linares. Hemos considerado interesante compartir sus palabras para todas aquellas personas que no pudieron asistir.

Quiero empezar felicitándolos a los dos: al compilador y a los editores.Los que hemos compilado libros sabemos el trabajo que dan. En mi opinión, más que escribirlos enteros. Sólo Roberto podía conseguir coordinar a 47 autores, elaborando 30 capítulos, algunos de ellos en versión original en portugués, inglés y francés. Y llegar con el resultado a tiempo de distribuirlo varias semanas antes y, por supuesto, de presentarlo hoy aquí.Y a Editorial Morata le cabe el mérito de haber asumido ese proyecto (que a otros les podría haber parecido una locura), confiando plenamente en él y haciéndolo posible.
El resultado de la confluencia de esas dos singularidades es la obra monumental, enciclopédica, que tengo el honor de presentar.
 Me resisto a hacer una descripción del contenido, porque Roberto la hace en la introducción.Haré, en cambio, una reflexión personal sobre el adolescente que, en definitiva, se interna por los vericuetos de este libro, coincidiendo ampliamente con sus principales propuestas.La adolescencia es una etapa decisiva en la construcción de la identidad. Digamos de forma un tanto rotunda que el material identitario acumulado durante la infancia, procedente especialmente de la familia de origen, se contrasta con nuevos sistemas de pertenencia extrafamiliares y se reorganiza definitivamente para conformar la identidad adulta.En ese troquel identitario extrafamiliar residen algunos de los elementos más conflictivos, potenciales generadores de desencuentros intergeneracionales. “Éste no es nuestro niño, nos lo han cambiado”. “No lo reconocemos como propio”. Son expresiones textuales de padres desconcertados y confusos ante la metamorfosis que les toca presenciar.
Pero no todos los motivos de discordia proceden de fuera de la familia, puesto que el bagaje relacional recibido de ésta, es también origen de reacciones capaces de provocar desarrollos altamente conflictivos. El niño desconfirmado va a convertirse en un adolescente desconectado, quizás prepsicótico. El niño hiperexigido y descalificado va a producir un adolescente triste, puede que depresivo. El niño rechazado devendrá fácilmente un adolescente rabioso y provocador. Son estos últimos, sobre todo, los dan pie a las situaciones que he abordado en uno de mis últimos artículos: “Adolescentes que no gustan a sus padres.”Porque la construcción de la identidad es tan importante en la adolescencia, la primera parte del libro se dedica de forma más o menos explícita a ella: “La búsqueda del adulto por parte del adolescente”. Y porque tan delicado proceso es fácil que naufrague o, al menos, que embarranque, otras dos partes se dedican a “adolescencias complicadas” y “adolescencias embarulladas”.Hay otras tres partes consagradas a temas más específicos, pero de gran actualidad: “Adolescencia e Internet”, “El adolescente emigrante” y “Adolescencia y violencia”. Este último con la singular importancia de la violencia filio-parental, de la que todos sabemos que Roberto Pereira es nuestro máximo especialista.Y, por último, no podía faltar la séptima parte: “La intervención terapéutica con los adolescentes y sus familias”. Que, al fin y al cabo, a eso es a lo que nos dedicamos. Quiero destacar la especial complejidad del abordaje de los adolescentes en el marco de la terapia familiar, que el libro recoge con exquisita riqueza de matices. En mi opinión, se trata del contexto en el que mejor se cumple el principio de la imperiosa necesidad de establecer una sólida alianza terapéutica con el miembro del sistema en posición complementaria inferior (obviamente, el adolescente), pero consensuada con y autorizada por los miembros en posición complementaria superior (generalmente los padres). Algo parecido a los carteles que nos encontramos en las carreteras en obras: “perdonen las molestias, trabajamos para ustedes.”  O bien: “autorícenme a aliarme con su hijo. Puedo asegurarles que no me lo voy a quedar y que, en cambio, si las cosas van bien, ustedes serán los primeros beneficiarios.”Y me voy a detener aquí, invitándolos a adquirir y leer el libro objeto de esta presentación.
¡Pasen, señores y señoras, compren lean y disfruten! No se trata de la mujer barbuda, ni del perro de dos cabezas, ni del hombre más alto del mundo, Sino de “Adolescentes en el siglo XXI. Entre impotencia, resiliencia y poder”. Un libro excepcional. 

Mamá y papá se separan. Un libro para adultos sobre separación y mediación

Estuvimos charlando con la autora Ana Criado y la ilustradora Matilde de Fuentes sobre cómo surgió el proyecto y algunas de sus curiosidades.

¿Cómo surge este proyecto?
 

Ana Criado: El libro “Mamá y Papá se separan” surge de la necesidad de difundir la mediación para dar a conocer la posibilidad y necesidad de separarse/divorciarse de otra forma, de una manera consensuada y responsable.
El proyecto inicial era realizar un PDF en el que a través de diapositivas María una niña de 6 años contara la separación de sus padres.
Ana Criado: Una vez montada la presentación en PDF, se colgó en la web: www.ammediadores.es y se difundió entre mediadores, amigos, conocidos etc… La idea era organizar una cadena de envíos para que todo el mundo conociera la mediación y la labor de los mediadores. Y así lo hicimos, pero ante el impacto de las ilustraciones y el número de personas que contactaron con nosotros, desde la Asociación Madrileña de Mediadores pensamos que había que dar un paso adelante y publicar el cuento en papel

¿Cuáles son sus aportaciones originales frente a otros libros de las mismas temáticas?
Ana Criado: Es el primer cuento que habla de mediación y es la primera vez que una niña de 6 años cuenta la realidad de la separación de sus padres. No es un manual, no es una tesis, es una historia real, es lo que se vive en las familias en los casos de ruptura. Es la primera vez que los niños tienen la palabra y explican cómo lo ven ellos: no entienden nada y se sienten culpables. Lo único que saben es que necesitan y quieren por igual a mamá y a papá.

¿Por qué se han utilizado este tipo de dibujos?, ¿cuál era su objetivo? 
Matilde de Fuentes: Cuando Ana me propuso la idea busqué dibujos de niños para ver como cuentan ellos la separación de sus padres. Algunos dibujos eran desgarradores.
A lo largo del libro para expresar gráficamente la tensión y el contraste de situaciones felices y situaciones dolorosas, he jugado con el color y con su ausencia.
Los primeros dibujos del libro buscan reflejar tranquilidad y alegría; cuando a María le va bien, todo es una explosión de color. El color lo inunda y enmarca todo.
A medida que la situación se tensa y los niños perciben que las cosas van mal desaparece el color del fondo, los cuerpos adquieren proporciones grotescas, los rasgos son agresivos y los dibujos se escapan de los límites del papel, intentando reflejar inquietud, desequilibrio y miedo.
Los saltos de ritmo del texto y las letras manuscritas apoyan los cambios que los niños acusan y sufren durante todo el proceso.

¿Cuál sería la ilustración que elegirías?, ¿la más especial?
Matilde de Fuentes: El dibujo que creo que representa mejor el miedo, la angustia y la indefensión que sienten María y su hermanito, es uno en el que los dos aparecen muy pequeños, encajonados en medio de dos edificios oscuros, gigantescos y siniestros. La escala de los niños, choca con la escala de los edificios. Están solos, no entienden nada y tienen miedo. En sus gestos y en su mirada los niños vuelcan la angustia y la impotencia que sienten ante lo que ocurre a su alrededor.

¿Por qué elegiste a una niña como narradora?
Ana Criado: No sé si hay alguna obra parecida. Mi idea era contar la historia desde el lado de los que no deciden, pero sufren y padecen en primera persona de las decisiones de sus padres. Quería que los progenitores se dieran cuenta de que además de su propio sufrimiento, también sufren los niños por los enfrentamientos, las descalificaciones, las separaciones prolongadas de uno u otro progenitor. El problema no es separase/divorciarse, sino hacerlo de forma no consensuada. El drama surge cuando los progenitores no deciden ellos mismos sobre cómo quieren que se relacionen en un futuro los miembros de su familia, sino cuando comienza la interposición de denuncias, demandas, recursos, burofaxes etc. ya que son terceros: abogados y jueces quienes deciden en su lugar.

¿Qué aspectos de la obra destacarías?
Ana Criado: El cuento es ameno, directo y llega al corazón por la inocencia con la que María cuenta su historia. No podemos olvidarnos de que representa a muchos niños que han estado, están o van a estar en su situación.
El libro finaliza con una breve explicación sobre lo que es la mediación y lo que hacemos los mediadores. Asimismo, con el fin de dar respuesta a la necesidad de encontrar un mediador por parte de los lectores se informa acerca de empresas que ofrecen mediación y formación en mediación.

¿A quién le recomendarías este libro?
Ana Criado: A todas las parejas incluso aquellas que ahora están bien porque nunca se sabe. Pero fundamentalmente a aquellas que están pensando en separarse, o las que están en pleno proceso, incluso a aquellas que ya separadas tienen todavía conflictos entre ellos.

Creo que este libro puede convertirse un regalo muy útil por parte de un amigo que conoce la situación de parejas en su entorno que están en un momento difícil de su relación. Con este libro ya no hace falta implicarse dando consejos, ni alinearse con uno o con otro. Simplemente se regala con una nota: “En estos momentos tan difíciles alguien os puede ayudar: un mago”.