¿Soy culpable de ser pobre? De la responsabilidad personal a la responsabilidad política (2ª parte)

En una entrada anterior hablábamos del concepto de responsabilidad personal que define Iris Marion Young en su libro Responsabilidad por la justicia y en cómo esta se había utilizado para explicar la pobreza.

La autora en estos fragmentos se refiere a su modelo de responsabilidad más circular, que busca entender la estructura en la que se produce e involucrar a cada una de las personas para hacerla sentir responsable.

Últimos títulos de la colección Educación Crítica

“La idea de responsabilidad personal tal como se ha activado en el discurso de política social asume lo que discutiré más tarde como modelo de “culpa” o de “falta”, más común en el discurso legal y presente en muchos discursos morales. Una de las características de este concepto de responsabilidad es que su propósito es atribuir la responsabilidad a unos para absolver a otros. De esta manera, este concepto tiene dos implicaciones: cada persona o familia tiene su propia esfera de responsabilidad en la que deben asumir todos los costes de sus acciones; otros no tienen ninguna obligación de ayudarnos y nosotros tampoco la tenemos hacia ellos. Cada uno es responsable tanto de controlar las consecuencias de sus acciones, asegurándose de que no afectan negativamente a otros, y para “asumirlos” si lo hacen (como por ejemplo, pagar una compensación). Sin embargo, en este punto de vista no hay responsabilidades positivas entre las personas en virtud de participar juntas en procesos sociales. Si cada uno vive de forma autosuficiente sin depender de los demás, se verán dispensados de su responsabilidad personal. Creo que la función de absolver que tiene este discurso es uno de los motivos de su popularidad.Este discurso pasa por alto los procesos sociales a gran escala tan relevantes para evaluar la responsabilidad de la gente por sus circunstancias y sus responsabilidades hacia otros. En esta imagen tan simple de la sociedad sólo existen individuos y unidades familiares que interactúan unos con otros de vez en cuando. Los fenómenos relevantes que he señalado antes para entender tanto los cambios en la política social como el significado de sus consecuencias – tales como el incremento de la competitividad económica global, la consiguiente erradicación de gran parte de la producción industrial de las sociedades más desarrolladas, las tendencias del divorcio, las familias uniparentales en todas partes del mundo, y otros muchos factores estructurales – parecen no tener lugar en la sociedad planteada por esta filosofía moral. (…)

Las críticas que hicieron Mead y Murray de la política social de los años sesenta y setenta que contribuyeron a la exitosa reforma de política social, se basan en tres argumentos que analizaré y cuestionaré:
1) la responsabilidad personal y la causalidad estructural social son categorías dicotómicas y se excluyen mutuamente;
2) las circunstancias en las que se desenvuelven los desfavorecidos hoy en día no son injustas;
3) los políticos y los ciudadanos sólo tienen que preocuparse por la responsabilidad de los pobres marginados; en gran medida, los miembros de otros segmentos sociales actúan de forma responsable.
El proceso de cuestionamiento de estos razonamientos nos llevará hacia el planteamiento del tema principal de este libro: como individuos, ¿cómo deberíamos pensar sobre nuestra propia responsabilidad en relación a la injusticia social?

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