Reflexiones y recortes sobre el Congreso de Adolescentes y Terapia Familiar

El pasado mes de octubre se celebró en Bilbao el XXXII CONGRESO NACIONAL DE TERAPIA FAMILIAR. Adolescencia y Terapia Familiar en el que se presentaba el libro sobre adolescentes compilado por Roberto Pereira que con motivo del congreso hemos elaborado.

Asistir al congreso después de haber realizado la revisión y lectura en profundidad de este libro, ha sido toda una oportunidad de profundizar en sus contenidos. 
Al mismo tiempo me he dado cuenta de que el libro resultará de gran interés para todos los profesionales que trabajan con familias adolescentes dado que los capítulos del libro ampliaban la información que se transmitía en las ponencias donde los tiempos son más limitados.

Me gustaría recoger aquí de manera muy resumida, algunas reflexiones que se produjeron en el Congreso.

Maturana suele decir que nosotros somos el futuro de nuestros hijos y no al revés, ésta ha sido una de las ideas que se han barajado en estos días, los adolescentes son reflejo de la sociedad en la que viven y por tanto no se les puede entender como seres extraños o desvinculados de ella.
A la hora de mirarles es importante atender a su globalidad y no sólo a aquellas cosas que pueden no funcionar como a los adultos nos gustaría. 
Francisco Javier Ortega decía: 

La sociedad llegará a ser lo que ahora son sus adolescentes, sin que por ello tengamos que llevarnos las manos a la cabeza mientras exclamamos ¡Dios nos ampare! Porque, si bien es cierto que algunos adolescentes son especialmente sensibles a los aspectos menos saludables de la sociedad, también lo es que los adultos tenemos alguna responsabilidad en que esto sea así.
Frente a ciertos discursos alarmistas que hacen mella en algunos adultos, hay que seguir defendiendo (a los hechos y datos me remito) la presencia mayori­taria de adolescentes saludables. Confusos, sí, pero con capacidad y estrategias para adaptarse a un mundo que a veces nos supera a nosotros, los adultos bien entrenados.

Otro punto de interés sobre este periodo de la vida, es que el adolescente necesita de la pesrona adulta para desarrollarse con normalidad. Tal y como afirmaba Jose Antonio Abeijón, el adolescente siempre irá en busca del adulto, éste será el referente a partir del cual puede diferenciarse y si no le encuentra, organizará nuevos caminos algunas veces farragosos y complicados.

Los adultos viven este periodo como una etapa de inquietud y peligro porque según escribe en el libro Francisco Javier Ortega, el adolescente se mueve entre el polo de la inestabilidad psicobiológica y la incer­tidumbre de su futuro aún brumoso. No sabemos qué será de ellos ni qué harán de provechoso con su vida. El otro polo es su necesidad de encontrar espacios de seguridad donde explorar y desarrollar aspectos de su personalidad, aún vaci­lante y frágil.
¿Están los adultos preparados para resistir la mirada de los adolescentes? Éste les va a buscar, porque necesita  hacerlo para confirmar la presencia del adulto. En este sentido Jose Antonio Abeijón habla de distinguir entre la distancia que establece el adolescente hacia el adulto como una necesidad de independizarse y el posible abandono del adulto hacia el adolescente. 
A lo largo del congreso se abordaron aspectos sobre el desarrollo adolescente, problemáticas en los adolescentes, la inmigración, adopción, orientación sexual, trastornos alimentarios…No es mi intención con esta entrada resumir todas las intervenciones sino simplemente rescatar algún recorte de en qué consistió el congreso, toda la información tratada en el mismo está a su disposición en el libro de Adolescentes en el siglo XXI.