Raíces de la memoria

Raíces de la Educación, Raíces de la Memoria (1 de 5)

Entre documentos antiguos hemos encontrado una publicidad de junio de 1998 de nuestra colección “RAICES DE LA MEMORIA” que incluye unos textos francamente atractivos. Su interés nos anima a compartirlos en este blog, aunque hemos comprobado que ya existen varias referencias en la web, dudando también de su historicidad.

En nuestro díptico, el siguiente párrafo aparecía como introducción de la historia del hundimiento de la escuela de Ohanes (Alpujarras, Almería), que se narra a través de varios escritos que figuran a continuación.

Buscando en las “Raíces de la Educación”, encontramos este curioso y sorprendente documento histórico que nos ha proporcionado el dramaturgo e intelectual galleo Francisco Pillado Mayor.

Situaciones como la descrita aquí, almacenadas en la memoria colectiva, pueden quedar relegadas al olvido; pero la destrucción de recuerdos como estos incapacitaría a las nuevas generaciones para comprender cómo las sociedades se enfrentan a, y solucionan, sus problemas.

Debemos impedir que hechos tan crueles e injustos puedan volver a repetirse hoy arropándose con otros disfraces, mas actuales, pero igualmente desconcertantes.

Primer escrito del Maestro de Ohanes al Señor Alcalde.

Tengo el honor de poner en su conocimiento la inquietud que me produce ver la viga que media la clase que regento, pues está partida por medio, por lo cual el terrado ha cedido y ha formado una especie de embudo que recoge las aguas de las lluvias y las deja caer a chorro tieso sobre mi mesa de trabajo, mojándome los papeles y haciéndome coger unos dolores reumáticos que no me dejan mantenerme derecho. En fin, señor Alcalde, espero de su amabilidad ponga coto a esto si no quiere que ocurra alguna desgracia con los niños y con su maestro, este su muy seguro servidor. Dios guarde a V. muchos años.

Contestación del Señor Alcalde (Bartolomé Zancajo) al Señor Maestro de primeras letras de la Villa de Ohanes (28 de noviembre de 1734)

Recibo con gran extrañeza el oficio que ha tenido a bien dirigirme y me apresuro a contestarle. Es cosa rara que los Agentes de mi autoridad no me hayan dado cuenta de nada referente a la viga y, es más, pongo en duda que se encuentre en esas condiciones puesto que según me informa el tío Sarmiento no hará sesenta años que se puso y no creo una vez dadas esas explicaciones que notenío por qué, paso a decirle que eso no son más que excusas y pretextos para no dar golpe. En cuanto a lo de los papeles que se mojan y el reuma que se le avecina, puede muy bien guardárselos, a aquellos en el cajón o en casa, y éste yendo a la escuela con una manta. No obstante lo que antecede, enviaré uno de estos días, alguno de mis subordinados que mire lo que hay de eso. Y ojo, que su engaño le estaría estar otros seis años sin cobrar los quinientos reales de su sueldo. Dios guarde a V. muchos años.

 

(Continuará)