La legislación antidiscriminatoria no es suficiente para garantizar la inclusión en los centros educativos


Las leyes a favor de la inclusión son positivas pero no suficientes para garantizar que el sistema acepte a las personas con discapacidad. Así lo cuenta Roger Slee en este extracto de La escuela extraordinaria.

La redacción y la ratificación de la legislación contra la discriminación por discapacidad representan la culminación de largas y costosas batallas de las personas discapacitadas y sus aliadas para garantizar los derechos de participación en la vida de la comunidad. De hecho, la historia de la participación de los niños con discapacidad en la escuela ordinaria es una historia de lucha y litigios políticos para extender las disposiciones de la legislación y los reglamentos educativos.
 La legislación antidiscriminatoria no constituye en sí misma ni de por sí una cultura de inclusión, aunque se consiga su acatamiento. Con excesiva frecuencia, las “cláusulas de condicionalidad”  presentes en la legislación pueden aplicarse para crear exenciones y subvertir el espíritu, si no la letra, de la ley. (…)

La  imaginación  y  la  creatividad  aplicadas  por  los  líderes  educativos  para mantener  las  rigideces  institucionales  es  a  veces  sorprendente.   

Recuerdo  un caso en el que el director de una pequeña escuela rural de Australia trató de impedir la matrícula de un estudiante que utilizaba una silla de ruedas. Decía que,  en  caso  de  amenaza  de  bomba  y  de  evacuación  forzosa  de  la  escuela, otros alumnos se retrasarían al ir detrás de este niño por el pasillo. Este caso es de juzgado de guardia y, más importante aún, constituye un problema ético. Por desgracia, se trata de un caso de una escuela que gastará valiosos recursos en fortificarse contra la amenaza del niño peligrosamente discapacitado. 

Para subrayar este punto, recuerdo que me pidieron que fuera testigo experto para una escuela en un caso de discriminación por discapacidad. La escuela había excluido a un niño con síndrome de Down basándose en que, como iba a casa solo y no tenía quien se ocupara de él hasta que su madre sin pareja regresaba de su trabajo por la tarde, el deber de atención de la escuela quedaba comprometido. Informé a la escuela de que preferiría ayudarlos a encontrar formas de apoyar a la madre para que el niño pudiera permanecer en la escuela que ahondar su lucha contra los derechos usuales de acceso y participación e intensificar la hostilidad por ambas partes. Perdí mi estatus de experto”.

 Extracto de: La escuela extraordinaria. Exclusión, escolarización y educación inclusiva. Disponible aquí, consulta en nuestra página web sobre las tarifas de envío.

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