Crear aprendizaje sin límites: Empatía

La empatía como recurso educativo

La empatía orienta las respuestas para el personal docente ante los desafíos presentados por David, que ingresó en la escuela a la edad de 9 años. Aunque inicialmente parecía que hacía amigos en el patio, le resultaba difícil controlar su genio, en concreto durante juegos competitivos como el fútbol. Un público de niños curiosos se aglomeraba alrededor si David mostraba signos de enfado y ésta atención rápidamente agravaba la situación. Los niños de 6º que organizaban los juegos para los más pequeños advirtieron que David era muy difícil de tratar; en una ocasión perdió los nervios y pegó a uno de los cuidadores del patio con un bate de cricket. El incidente, que todos consideraban una forma de respuesta insostenible e indeseable, condujo a la expulsión de David durante media jornada.

Cuando Jo, su maestra, habló con David, le quedó claro que a él no le gustaba el sentimiento de furia que le inundaba, pero le resultaba casi imposible controlarse una vez que estos sentimientos se habían disparado. Al hablar con él e intentar entender sus ansiedades, descubrió que David era un experto en el cuidado de conejillos de india. En esta época, no era habitual en las escuelas permitir animales en las instalaciones debido a estrictas normas de salud e higiene. Sin embargo, se decidió instalar una conejera para los conejillos de india cerca de su clase para que David pudiera cuidar a los animales durante la hora del almuerzo y ayudar a que otros niños aprendieran a cuidarlos. Cuando los nuevos conejillos de india, Ant y Dec, llegaron a la escuela hubo un gran alboroto. Vivían en el patio que daba al comedor y donde los niños de todas las edades les observaban encantados a través de la ventana mientras comían. El interés de los niños en las rabietas de David declinó, ya que preferían el privilegio de pasar algo de tiempo con él mientras cuidaba a las mascotas de la escuela.

La medida tomada para ayudar a David parece ilustrar lo que SALMON (1995, pág. 80) quiere decir cuando defiende “crear un espacio más generoso en nuestro sistema escolar” que englobe a todos los niños pequeños, incluyendo a aquellos percibidos como “diferentes”. Ella sugiere que las “escuelas necesitan dejar a un lado el lenguaje de protesta en respuesta al comportamiento desafiante, y en su lugar centrarse en las “perspectivas”, las subjetividades personales de los propios alumnos. Aunque este niño había hecho daño a otros e incluso había golpeado a un miembro del profesorado, no fue demonizado. La medida elegida fue especialmente adaptada para las cualidades de David como persona. Creó un espacio positivo en el que podía reafirmar y generar un sentido de ser humano competente y atento, y ser aceptado y reconocido como tal por el equipo docente y por los niños. A pesar de haber mostrado rabia y violencia, se confiaba en él para cuidar a criaturas vulnerables. Los niños pequeños acudían a él para preguntarle si podían visitar a los animales, lo que le permitía actuar como un guía informativo y afectuoso. Al encontrar un modo de hacer una contribución positiva a la escuela, el profesorado claramente señaló que David y, por implicación, todo el mundo, merece otra oportunidad y que cualquiera puede ser valorado como miembro de la comunidad cuando se le brindan las oportunidades adecuadas.

Además de beneficiar a David, la solución tuvo repercusiones que se extendieron a toda la comunidad. Transmitió a todo el alumnado importantes mensajes sobre las relaciones, sobre cómo se  trata la gente – y cómo deberían tratarse. En general ayudó a crear empatía en la comunidad. Aunque David continuó presentando al equipo docente numerosos desafíos, todos eran más capaces de solidarizarse con David y esperar y confiar que gradualmente controlaría su temperamento. 

(Extraído de Crear aprendizaje sin límites, Morata (2015). En prensa)