Enseñar

La educación debe estimular el desarrollo completo de la personalidad y la lucha por los derechos fundamentales

Empezamos el curso escolar con una ilusión: la de traer a William Ayers (autor de  Enseñar, un viaje en cómic) a España, estará aquí en octubre. Escuchar sus palabras sobre educación y sentir su energía y esperanza es todo un lujo en estos momentos difíciles. Él nos envió este artículo en el que deja ver algunas de sus princpales ideas sobre la enseñanza así como los motivos que le llevaron a atreverse a hacer una novela gráfica sobre educación.

La presentación será el día 23 de octubre a las 19.30 en la sede de CC.OO. en la calle López de Vega 38 (sala 2.1), en ella participará Félix Angulo Rasco.

Leer a William Ayers siempre es un viaje de los buenos, de esos que sabes donde empieza pero no hasta dónde te puede llevar, ¡adelante!

Me alegra poder escribir esta breve invitación e introducción a mi novela gráfica que habla de cómo aprender a enseñar y convertirse en un profesor. Estoy contento porque es una oportunidad de expresar mi agradecimiento a la editorial y al traductor que vieron que mi trabajo era algo que merecía la pena y quisieron ofrecerlo a las personas de habla castellana. Y contento también porque este esfuerzo colectivo reafirma mi creencia profunda de que enseñar es una tarea universal con características comunes que se comparten a nivel global. A pesar de que este libro está basado en mis experiencias como estudiante y profesor en Estados Unidos de América, espero que los principios éticos y valores en los que se basa, les resulten familiares.

 A lo largo de mi vida he creído profundamente que la educación no es ningún lujo o comodidad, sino más bien un derecho humano fundamental. Me da energía y perspectiva el Artículo 26 de  la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948:  “Todo el mundo tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en  las etapas básicas y fundamentales. La  educación básica debe  ser obligatoria…La educación debe estar encaminada al desarrollo completo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto por los derechos humanos y las libertades fundamentales.”

 Como profesores luchamos por el lugar fundamental de la educación para la construcción de nuestros futuros y en el desarrollo de una fuerte sociedad democrática. La educación y la democracia están unidas: una democracia fuerte necesita de ciudadanos comprometidos y activos que piensen, y de una educación que estimule el pensamiento crítico, la recepción y la resistencia, la participación y el empoderamiento, lleva hacia una democracia más viva e inclusiva.

 Nosotros los profesores debemos acoger un ideal especialmente delicado y precioso: todas las personas tienen un valor incalculable e irreducible. En una democracia fuerte y funcional y participativa construimos escuelas que reflejan este principio, organizando nuestros esfuerzos a partir de la propuesta de que: el desarrollo completo de cada uno de los miembros es una condición necesaria para el desarrollo de todos. Este es mandato importante y fundamental.

 Esta idea poderosa y previsión tiene grandes implicaciones para la política educativa, así como para el currículum y la enseñanza, por lo que se enseña y cómo se enseña. Queremos que nuestros estudiantes sean capaces de pensar por ellos mismos, de hacer juicios basados en evidencias y razonen, que desarrollen mentes propias. Queremos que se pregunten cuestiones fundamentales: ¿quién soy yo en el mundo?, ¿cómo llegué  hasta aquí y adónde me dirijo?, ¿cuáles son mis opciones en el mundo?, ¿cómo debo comportarme? Y que persigan las respuestas hacia donde éstas les lleven. Rechazamos la obediencia y la conformidad a favor de la iniciativa de enseñar, el coraje, la imaginación, la creatividad y mucho más. Estas características deben ser modeladas y alimentadas, estimuladas y defendidas.

 El aula puede, con esfuerzo y práctica, ser un lugar de esperanza, expectación, y potencialidades, siempre un lugar para hacer la siguiente pregunta y después otra más. Las aulas pueden ser lugares extraordinarios de exploración y búsqueda, sorpresa e interrogatorio, que eche por tierra todo lo ortodoxo y lleve a pensar de nuevo las verdades aceptadas. Las clases entonces, se convertirán en el hogar natural para las mentes libres y las personas libres.

 

La infancia es un momento de invención y descubrimiento, pero sobre todo es un tiempo de esperanza. Es un tiempo para que los adultos sueñen extravagancias con los niños y por ellos, un tiempo para que todos nosotros decidamos si nuestras esperanzas para el futuro comprenden una inversión en los jóvenes y si nuestras esperanzas hacia los jóvenes suponen una sana invitación al mundo. Todos los niños deberían ser apoyados para que ocupen un lugar de esperanza, debería permitírseles que disfruten simplemente el hecho de estar vivos, mientras avanzan en la vida apoyados por el hecho de sentirse incondicionalmente bienvenidos.

Aquellos de nosotros que trabajamos con niños debemos, entonces, convertirnos  en “especialistas de abrir pequeños paquetes”, practicantes de la “asignatura de la esperanza”.

 Como profesores vamos hacia lo personal, lo particular, lo integrado, el apoyo, mientras nos mantenemos conscientes de lo social, de lo compartido, de lo global y de lo político. Les señalamos a los estudiantes el centro de la empresa educativa, cada uno de ellos es bien conocido por el adulto que le cuida y a su vez, conoce las posibilidades reales de pertenecer a una comunidad de aprendices. Surge así un sentimiento de visibilidad, de sentido, de esperanza para trabajar aquí el difícil terreno de la identidad. El mensaje a los niños y jóvenes es claro: en la clase y en este momento tú eres una persona valiosa y valorada: sin ti toda esta experiencia no conseguiría avanzar y fracasaría.

Enseñar es un trabajo intelectual y ético, y los profesores viven con sus estudiantes como centro de todas sus prácticas de clase. Los profesores son responsables del contenido y la dirección de su trabajo- del currículum, la pedagogía y la evaluación- y de las vidas escolares de un grupo determinado de estudiantes. Los profesores no son burócratas mecánicos o fríos vendedores. Ellos profesores deben convertirse en constructores de relaciones, inventores y creadores, protectores y abogados, pensadores y actores.

Pensé que una novela gráfica sobre la enseñanza sería una buena idea -porque hablaríamos a una nueva generación de potenciales profesores, retratando la intimidad de la clase de una forma única, introduciendo el mundo de la enseñanza en un medio no tradicional, que nos acerca a la estética y el sentimiento de enseñar, el desafío de la alegría, el dolor de la promesa de la vida en la clase como la conocemos y la sentimos. Enseñar es siempre difícil de describir, y me imagino que la novela gráfica ofrece un camino particular para mostrar este territorio inefable y fundamental, un camino único. Aquí no dependemos ni de las palabras ni de las imágenes, sino de una tercera vía, con su propia idiosincrasia, oportunidades y necesidades: palabras y dibujo en una deslumbrante danza dialéctica.

Imaginándose cómo el arte secuencial hace su trabajo, cómo la magia suele ocurrir a partir de ese simple espacio en blanco entre los paneles donde la imaginación salvaje de cualquier lector y la imaginación sin normas se convierte en algo lleno de vida, y como equilibrarlo cuando las palabras deben llevar la carga y las imágenes pueden sostener el peso, todo esto supuso la alegría de colaborar en el cómic con el gran artista Ryan Alexander-Tanner (ohyesverynice.com).

Este libro es una carta de amor para profesores y cualquiera a quien le preocupen las vidas de los niños y los jóvenes. Está basado en la idea de que el amor hacia nuestros hijos y hacia los hijos de los demás puede ser fuerte, brillante, y un objetivo esperanzador al que dirigir todos nuestros esfuerzos. Invita a los profesores a darse cuenta de que la mejor enseñanza empieza en la generosidad, guiada por la esperanza y el corazón, y gira en torno al amor.

Muchos de nosotros estamos involucrados en una vida dedicada a la enseñanza por la preocupación que tenemos por los jóvenes, el cariño a los niños, y la esperanza de participar en el crecimiento y el desarrollo de una nueva generación. El desafío es mantener el amor y la esperanza -esas ambiciones éticas- vivos en circunstancias difíciles y a veces de “mala muerte”, para construir un marco que nos permita ver a los estudiantes como criaturas increíbles, serpenteantes, tridimensionales y dinámicas que son, y continuar así profundizando y extendiendo ese conocimiento al servicio de un aprendizaje más efectivo. Con mi libro espero contribuir a ese esfuerzo esencial.

William Ayers

Catedrático Distinguido de Educación e Investigador destacado en la Universidad de Illinois en Chicago. En la actualidad es Vicepresidente de la División de currículum de la American Educational Research Association (AERA). Entres sus publicaciones están los siguientes libros: Teaching toward freedom: moral commitment and ethical action in the classroom, On the side of the child: summerhill revisitied y Teaching the personal and the political: essays of hope and justice. Vive en Hyde Park (Chicago) con Bernardine Dohrn.

 

William Ayers estará en España para presentar su libro Enseñar, un viaje en cómic, acompañado por Félix Angulo el jueves 23 de octubre a las 19:30 en la Calle Lope de Vega 38 en la sala 2.1

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