Loris Malaguzzi|

Algunas confesiones sobre el proceso editorial a partir del libro Arte y Creatividad en Reggio Emilia

El proceso de edición tiene fases del desarrollo del libro que quizá por el hecho de tratarse de la construcción de algo lleno de vida, recuerdan a las del embrión. Cuando recibes el libro recién llegado de la encuadernación y pasar sus páginas, acaricias el lomo, son inevitables los pequeños chequeos casi automáticos: comprobar la información de la contra, el índice, las imágenes…, se debe parecer mucho a ese momento de contar los diez dedos a un recién nacido.

En la lectura de revisión del libro a veces hay extractos que te emocionan porque te reafirman en la decisión que se tomó en su día de publicarlo.
Esos momentos de descubrir y disfrutar son para mí una de los placeres de ser editora, acabo de tener uno minutos antes de comenzar esta entrada. Estaba trabajando con uno de los capítulos que Vea Vecchi ha querido introducir en la versión castellana del libro Arte y creatividad en Reggio Emilia, y me he encontrado con una conversación entre la autora y Simona Spaggiari una artista visual y pintora que trabaja como tallerista en la Escuela de infancia Diana, donde ambas hablan de la importancia de integrar lo digital como un material más con el que pueden interaccionar los niños.
A continuación hablan de la ética en el mundo digital y la creatividad:
Simona: ésta es otra responsabilidad. Lo que nos puede faltar a nosotros y a los adolescentes es el enfoque ético hacia lo digital. ¿Dónde se aprende? Creo que sostener a los niños para que sean constructores y autores de experiencias digitales, y no solo consumidores, es una de las posibilidades para desarrollar un enfoque crítico. En este proceso resulta imprescindible la continua relación con la belleza y las razones de su naturaleza biológica, donde poder buscar preguntar y encontrar respuestas que nos sostengan en la construcción de una ética y una idea de estética que pueda ser practicada también en el ambiente digital. 

Vea: es una vida rica y poética la que te lleva a usar lo digital de un modo creativo.

Más adelante la autora entrevista a Giovanni Piazza uno de los primeros talleristas hombres que trabajó casi 30 años en la Escuela de infancia La Villetta y ha sido coordinador del Taller Rayo de Luz en el Centro Internacional Loris Malaguzzi.


Vea: pero no hemos introducido, para nada, ‘el aula informática’.

Giovanni: por supuesto que no. Para que un ambiente sea generador de creatividad tiene que tratarse, por fuerza, de un ambiente contaminado. Por eso era, sin duda alguna, la contaminación de los diferentes lenguajes y, en consecuencia, las posibles sinergias lo que indagábamos (con formas diversas) antes que la difusión de lo digital.

Vea: a ti te vi usar el scanner en un modo completamente diverso al tradicional por la primera vez, como una mina de posibilidades, una especie de caja expresiva, así como te he visto construir una sala donde visualmente estaban en relación todas las máquinas: ordenador, pantallas, video proyectores, scanner, máquinas digitales… Se había convertido en un contexto dirección cinematográfica. Este potenciar las posibles conexiones de muchos lenguajes es un aspecto que no ha entrado todavía del todo en las escuelas, y no solo por una cuestión técnica. 
Estos párrafos los marco para poderlos utilizar en la promoción del libro cuando aparezca, son una especie de ecografías que sirven para recordar las impresiones y darlo a conocer cuando sale a la luz.
Y hay algo que también gusta que es encontrar libros en sintonía, leyendo este capítulo me recordaba a la entrevista con Daniel Cassany y Ana Sacristán en la que hablamos sobre Sociedad del Conocimiento, Tecnología y Educación como un adelanto del libro con el mismo título en el que también estamos trabajando.
La entrevista la publicaremos próximamente en el bloc.
¿Qué os parecen estas reflexiones sobre integrar lo digital en el aprendizaje de los más pequeños para utilizarlo de un modo creativo? ¿Lo habéis hecho de alguna manera?